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Internacional.  Tamarindo.
Pr. Maior, 10, Ourense.

Tamarindo: un espacio cosmopolita y mutante en la plaza mayor de Ourense

Jorge Guitián 14/10/2021

El Tamarindo es un local que ha evolucionado y ha crecido con el paso del tiempo, pero, sobre todo, es un espacio que cambia al ritmo del día, adaptándose a los diferentes horarios y formatos gastronómicos para convertirse en una referencia del centro histórico.

Ourense es una ciudad que vive a caballo entre la tradición y la modernidad, una capital de provincia que desde siempre ha tenido un ambiente hostelero muy animado y que está acostumbrada a recibir a gente de aquí y de allá. En los últimos años, aquel ambiente de tabernas, de vinos y de casas de comidas tradicionales se ha visto complementado con una oferta creciente que ha mirado hacia fuera, ha sabido interpretar las tendencias en boga, y ha sabido adaptarlas a las necesidades del público de la ciudad. 

Es esa mezcla, ese carácter local y abierto al mundo, la que define al Ourense contemporáneo. Y quizás el Tamarindo sea uno de los mejores ejemplos de esa renovación sin fricciones, de esa vocación de traer a la ciudad influencias de grandes ciudades sin perder por ello el carácter propio. 

Abierto a la Praza Maior de la ciudad, en el bajo de los edificios históricos que miran de frente al ayuntamiento, el Tamarindo se plantó en su momento sin complejos con su apuesta renovadora en pleno corazón del ambiente más tradicional de la capital provincial. Y fue capaz de hacerlo con acierto, a juzgar por lo consolidado que está el formato años después. 

En aquellos soportales, hasta entonces ocupados por cafés y terrazas a la vieja usanza, abría sus puertas en 2014 un proyecto inédito, completamente diferente a cualquier cosa que hubiera en la provincia. Tamarindo se presentaba como un reflejo de las tendencias en las grandes ciudades de la Península y de Europa, un espacio cosmopolita de franja horaria amplia y carácter multidisciplinar. 

Barra Tamarindo

En su momento la apuesta fue arriesgada: desayunos, copas, cocina, coctelería… todo en un mismo espacio y en el centro emblemático del casco histórico. La estética del local también era -y sigue siendo- rompedora, cuidada en cada detalle. No en vano Ruben Gil, su promotor, es arquitecto. Buscaba funcionalidad, pero también impacto visual; buscaba un espacio acogedor, pero versátil, cercano pero diferente. 

Tras dos años de obras, de selección y formación de personal, de adaptar el proyecto inicial a un tratamiento respetuoso con el espacio histórico, Tamarindo nacía como el cúmulo de muchas inquietudes, de viajes, de experiencias y de formatos vistos en otros lugares del mundo; un espacio que cambia con las diferentes franjas horarias del día, que funciona como cafetería o como restaurante, como espacio para eventos o como coctelería. 

Un local que, a pesar de su vocación de modernidad, tiene una calidez, un poso de atemporalidad en los que seguramente tienen mucho que ver los materiales y los acabados. Más que apostarlo todo a la oferta gastronómica, Tamarindo nacía con vocación de vender una experiencia, una atmósfera, un espacio en el que sentirse a gusto. Y en esto el interiorismo fue (y sigue siendo) clave. 

La apuesta por lo arquitectónico no supone, sin embargo, que se descuide la faceta de culinaria. Al contrario, desde el principio el equipo tuvo claro que un espacio con vocación de convertirse en emblemático tenía que contar con una propuesta de cocina y de barra a la altura, con un mismo enfoque atento a las tendencias y abierto a las cocinas del mundo. 

Y ahí sigue, casi 6 años después, el Tamarindo, fiel a un estilo y a una forma de hacer las cosas en la que el adjetivo cosmopolita lo es todo y en el que el pulso de la ciudad marca los cambios de oferta. 

Así, la mañana puede empezar con un desayuno clásico, con la tradicional bica, un dulce típico de la provincia, o con una tosta de aguacate; con una pulga de tortilla española o con una ración de cheesecake para acompañar el café. El espíritu global/local está presente desde el primer momento. 

Según avanza el día, las tapas se abren paso y el ambiente muta, se vuelve más animado y da cabida a gente que disfruta del centro de la ciudad y a encuentros informales de trabajo. Croquetas de chorizo gallego conviven con nachos con guacamole y queso Cheddar, con los baos rellenos de chipirones crujientes y mahonesa de kimchi o con hamburguesas de ternera gallega. 

la cocina da un paso más si entramos al comedor, en la parte de atrás, recogido, de atmósfera más tranquila: arroz negro cremoso con carpaccio de pulpo, chipirones y alioli ahumado; risotto de pera y jamón al Gorgonzola o ceviches de mar dan forma a una oferta viajera, pensada para resultar atractiva a un público que busca esa dosis de modernidad que encaja con el ambiente. 

Arroz con carpaccio de pulpo Tamarindo

Pero la oferta no termina aquí. En una ciudad como Ourense, con una primavera y un otoño mucho menos lluviosos que el resto de Galicia y un verano que hace del terraceo nocturno un auténtico lujo, el Tamarindo no podía dar la espalda a la plaza en la que se ubica, y hace de su terraza uno de sus puntos fuertes, no sólo con la oferta convencional de cafetería sino también a través de una amplia carta de helados, tes helados, granizados, smoothies y batidos. 

Una oferta que, según avanza la noche, va derivando hacia otro ambiente. Los helados y las tapas van dejando paso a los cócteles, a clásicos como los Moscow Mule, Cosmopolitan o Long Island, pero también a fórmulas de autos como el Sevilla Fizz, el Aromas de India, el Capricho de Orujo o el Apple Strudel. 

Gracias a esta oferta, cuidada, pensada para distintos públicos y diferentes momentos, el Tamarindo no tardó en conseguir hacerse un hueco. Su imagen, a cargo del estudio mexicano La Tortillería, ha aparecido en prestigiosas publicaciones internacionales dedicadas al diseño, público local y visitantes siguen llenando sus espacios día tras día y, aún así, el equipo no se conforma y explora otras vías que le permitan crecer y seguir diversificando su propuesta: eventos, take away, playlists que el cliente pueda descargarse en casa mientras disfruta a domicilio de su propuesta de cocina…

Y, al ritmo de estas inquietudes, la carta no se queda atrás, no se conforma con ser un apartado estático del conjunto, sino que permanente explora nuevas vías, una oferta más casual, más urbana, perfecta para compartir entre amigos, pero también para un after-work o para un tapeo rápido, para quien visita la ciudad por primera vez o para quien busca un rincón especial en el que organizar una comida de celebración.

La ciudad ha cambiado mucho en estos años y Tamarindo va cambiando, también, a su ritmo, con la intención de seguir siendo ese local referencia cuando lo que se busca es un espacio contemporáneo, versátil e informal capaz de ofrecer al cliente una experiencia global que aún hoy sigue siendo única en la ciudad. 

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