Esperit Sants abrió sus puertas a principios de año en el número 13 del Passeig de Sant Antoni, sumándose a la oferta gastronómica del barrio, justo a medio camino entre la Estación y la Plaça de Sants. En una zona marcada por el frenético ir y venir de viajeros, el restaurante invita a hacer una pausa con una carta de platillos y raciones para compartir que pone en valor la cocina catalana y el producto local.
Sants fue el lugar escogido para abrir el restaurante porque, como explican sus impulsores, "aquí todavía se respira espíritu de barrio". Esa conexión con el entorno también da sentido al nombre de Esperit Sants, un juego de palabras que, en esencia, resume la filosofía del establecimiento.
Pg. Sant Antoni, 13, Sants-Montjuïc
08014 Barcelona Barcelona
España
Una carta sin pretensiones
La minuta combina tapas, platillos y varios guisos de cuchara como reflejo de una cocina catalana de raíz, basada en recetas reconocibles y preparaciones caseras, que deja margen para platos del repertorio español y algún toque contemporáneo.
Los huevos rotos con sepionets y patatas, los buñuelos de bacalao, la ensaladilla rusa con ventresca, la tosta de atún Bluefin, el brioche de morcilla de Burgos, los pulpitos encebollados, los torreznos de Soria o los chipirones fritos a la andaluza son algunos de los platos más aclamados por la clientela. Estas propuestas, concebidas bajo la cultura del pica-pica, incitan a alargar la comida o la velada y representan a la perfección ese placer de reunirse en torno a la mesa con amigos o familia.
Entre las opciones más contundentes destacan el meloso de ternera con puré de apio y col kale —uno de los grandes clásicos de la casa—, los callos con cap i pota, el steak tartar cortado a cuchillo o el pulpo con parmentier de patata violeta y col lombarda, una guarnición que aporta color y sofisticación a un concepto tradicional. Según la temporada, también hay lugar para una tortilla abierta. Todo se elabora en la propia cocina, una de las premisas del proyecto desde sus inicios.
Postres: menos es más
El apartado dulce sigue la misma línea que el resto de la propuesta: una selección breve que garantiza la calidad de cada elaboración. No buscan cantidad, sino acierto. La torrija con helado de vainilla es la reina indiscutible para poner el broche final, seguida de un coulant con chocolate de primera calidad, de unos refrescantes sorbetes y de un nostálgico chocolate con pa, oli i sal. Mención aparte merece el mató, que aquí se transforma en una delicada espuma acompañada de calabaza caramelizada a baja temperatura.
Lo importante está en el plato
Aunque su interiorismo se encuentra en una fase de evolución constante —los responsables reconocen que aún están trabajando en ello—, el objetivo es claro: mantener la sencillez y evitar eclipsar lo que realmente importa: la comida. Esta apuesta por lo auténtico, unida a una ajustada relación calidad-precio, convierte el local en un interesante punto de reunión para los vecinos de la zona.
En una calle de tránsito continuo, el boca a boca ha sido su mejor marketing. Los comensales vuelven, y eso, en el mundo de la restauración, es el mejor de los reconocimientos. Sin necesidad de grandes complicaciones, Esperit Sants demuestra que a veces basta con hacer bien lo de siempre.