Hay lugares en Barcelona que se han quedado suspendidos en ese espacio liminal que la novela de David Uclés, La ciudad de las luces muertas, llama ‘la Barcelona de los tiempos’. Aquellos recodos de la Ciudad Condal donde la vida converge como si nada hubiera pasado; ni el tiempo, ni la guerra, ni el caos, ni las aglomeraciones. Ni siquiera —ni aunque quisiera— el turismo. Como una pátina nueva, manteniendo lo que el Eixample quiso conservar hace años, Casa Vendrell se mantiene firme ante la charquificación del propio Eixample. En una zona donde todo son restaurantes del nuevo mainstream gastronómico que mezclan en sus cartas pastas italianas con uramakis flameados, cafés de especialidad y cadenas de restaurantes caros, Casa Vendrell es —con toda la intención de la palabra— lo de siempre.
Este local data de 1934, era una antigua bodega de barrio que estuvo trabajando bajo la misma familia hasta el 2023. “A finales de 2023 se vendió el local y nosotros lo adquirimos en mayo de 2025”, nos cuenta Ignacio, uno de sus tres dueños. “Estuvimos trabajando en él”, dice señalando sus gastadas paredes de posguerra del siglo pasado, “lo tomamos tal cual estaba. Abrimos en octubre del 2025”.
Lo que hacía la antigua bodega era vender vino, vermut y aceite de granel. Hoy, los propietarios, expatriados argentinos que dejaron su vida y trabajo en su país natal para aventurarse en la vibrante capital catalana, mantienen todas las barricas originales y reconocen que el patrimonio de un lugar es incluso más importante que aquello que quiera construirse sobre el mismo. “Solamente se hizo una limpieza e integración a la madera porque queríamos que mantuviera su textura y que se notara el paso del tiempo. Y lo mismo fue lo que hicimos en el espacio general. Queríamos recuperarlo, sí, pero que se palparan todos los años que estuvo aquí”. Que se palpara el tiempo que ha pasado por la ciudad de Barcelona.
Un barrio que los acoge
Si bien Casa Vendrell no dispone todavía de una licencia para poder usar planchas ni extractores, se conforman con amar el producto que les brinda nuestra tierra. Vienen con las manos desnudas y no traen a la mesa nada más que lo puesto, que es —en la inmensa mayoría de veces— mucho mejor que lo peripuesto. Alejados de las esferificaciones, bajas temperaturas y espumas, en Casa Vendrell sirven lo que define un vermut tradicional catalán.
“Además, este es un lugar muy emblemático del barrio. O sea, generación tras generación de las familias de la zona formaron parte de donde estamos o venían a comprar aquí su producto a granel. Todos los días tenemos alguna visita de algún vecino de mayor edad que venía cuando era jovencito a la bodega”, afirma. Y es por eso que no puede faltar lo que no ha podido faltar nunca en una mesa de toda la vida: buenas aceitunas, buen embutido y buen queso.
–Cuando en la bodega se vendía granel, ¿también había cositas para picar o es un concepto nuevo? –preguntamos.
–¡No, no, eso lo incorporamos nosotros! El concepto nuestro fue desde un principio fue abrir un bar de vinos; con la idea de que este espacio en sí es un vino perfecto.
Con un sumiller especializado encargado en enseñar la sección del vino que se puede degustar en Casa Vendrell, ellos se basan en un concepto de “tapas frías para acompañar la inmensa variedad de bodega que tenemos”. Actualmente cuentan con una gran aliada gastronómica: Damm, pues como nos dicen sus propietarios, tenían una idea muy clara para el proyecto: trabajar el concepto del maridaje, no solo con vinos, sino también con cervezas.
“Para poder desarrollar esa propuesta creemos que necesitamos dar un paso más en la parte gastronómica, incorporando una oferta culinaria con mayor peso. Es hacia donde estamos caminando y probablemente sea nuestro siguiente gran paso”, nos confiesa Ignacio. “La idea sería evolucionar hacia una propuesta más cercana a un restaurante, con elaboración de platos calientes. No sabemos si llegaremos algún día a obtener una licencia C3, porque supone una inversión y una complejidad importante, además de implicar cuestiones relacionadas con el edificio y el entorno. Pero una licencia C2 con campana extractora podría ser una opción viable”.
Respetar la historia
Hoy, el local está concebido principalmente como un espacio para charla, cita, quedadas, eventos, catas, presentaciones y servicios de catering. También es importante destacar el trabajo de recuperación patrimonial que han llevado a cabo. “Siempre que ha sido posible hemos reutilizado elementos originales del antiguo establecimiento. Por ejemplo, la madera que recubre el baño procede de un altillo que existía en el local y que fue desmontado para darle una nueva vida. Las barras conservan también su madera original, igual que algunos muebles que ya formaban parte del espacio”, nos comenta su decoradora e interiorista, Ibera.
Otro de los elementos más representativos son las seis grandes barricas que aún se conservan. Originalmente estaban situadas en la parte delantera del establecimiento, pero ellos las han limpiado y acondicionado para que resulten más estéticas e higiénicas, integrándolas en la decoración del espacio. “Sus anteriores propietarios las utilizaron hasta 2023, pero nosotros no les damos uso debido al importante trabajo de mantenimiento que requieren. Nos comentaron que podrían recuperarse para volver a utilizarlas, pero por el momento no entra en nuestros planes”, afirman.
El local, antiguamente Bodega Vendrell, hoy se renombra como Casa Vendrell, porque tiene más de hogar que de servicio a granel. Aquí se toma sin grandes pretensiones pan con tomate, charcutería de calidad y unos quesos de primera —camembert francés, comté francés y un gouda 24 meses procedente de Holanda— acompañados de una relish griega, una picada de higos y aceituna negra con frutos secos que es, salvando lo presente, uno de los acompañamientos más ricos y sorprendentes que he probado con un queso. Y es que, a veces, no hace falta encender el fuego para que un comensal disfrute; solo hace falta una buena bebida, un local con historia, la mejor compañía y, en palabras de sus propietarios: “ponerle mucho amor a lo que haces”.
- Fotografía: Mario García