Can Bigotis

Can Bigotis, un menú económico de alta cocina en Poblenou
Can Bigotis
Can Bigotis
12 Febrero, 2016
Laia Antúnez
La cocina de autor no tiene por qué estar reñida con los precios asequibles. Es algo que tienen muy claro Albert y Christian, los responsables de que en Can Bigotis puedas compartir espacio con los abuelos del barrio de toda la vida mientras degustas platos innovadores y de calidad.

Un grupo de mecánicos vestidos con sus monos azules, algunos hipsters con las barbas bien arregladas, la señora María de la mercería, trabajadores de BTV -la televisión local de Barcelona-, y unos abuelos que toda la vida han vivido en el barrio de Poblenou comparten comida y buen ambiente en Can Bigotis. Es curioso ver cómo el buen comer y el gusto por la cocina de calidad no entiende de edades ni hace diferencias. Es un jueves al mediodía y el restaurante está lleno hasta los topes. El secreto que todos ellos ya saben y que nosotros descubrimos es su menú de mediodía: cocina de autor por solo 12 euros

Los jueves, el menú es de arroz. Antes habrá que elegir uno de los dos entrantes que hoy ofrecen: huevo a baja temperatura con yuca frita y salsa de pesto, o coca de setas, cebolla caramelizada y brotes de soja

Luego llega el arroz, que cocinan al momento, hoy de sepia y pollo con alioli de pimentón. Aunque van cambiando: arroz de montaña, arroz negro con alioli gratinado, arroz caldoso... Y así cada jueves. El martes y el miércoles, el menú permite decidir entre cuatro primeros y cuatro segundos, platos que mantienen la misma calidad en el producto, la elaboración y la presentación que los que configuran su carta. 

El talento invita a evolucionar 

De entrada, la propuesta es sugerente e invita a desplazarse a este barrio barcelonés, otrora industrial y ahora uno de los más emergentes de la ciudad, en el que han proliferado hoteles, talleres de artistas, estudios de diseñadores y una oferta culinaria de lo más dispar. Poblenou es también el barrio en el que se criaron Albert Casas y Christian Pujades, los artífices de Can Bigotis. Dos treintañeros, amigos de toda la vida, que en poco más de un año y medio han conseguido su objetivo: traer calidad gastronómica a este rincón de la ciudad. 

Alcanzar el reto era fácil. La trayectoria de Albert, el chef, lo avala: Hofmann, Escribà, el Bulli, Paco Guzmán, Ramón Freixa... Él ha pasado por estas cocinas, y algunas más, y la carta de Can Bigotis es un buen reflejo de ello. Empezaron haciendo comida tradicional pero enseguida cambiaron. Había que aprovechar el talento y el torbellino de creatividad de Albert. "Un auténtico diamante en bruto", según nos dice Christian, responsable de la gestión del restaurante. 

Platos con nombres y apellidos 

Ahora, su carta, que cambia periódicamente y utiliza productos de temporada, ofrece cocina catalana con guiños puntuales a la fusión asiática. Es el caso de una de sus últimas sugerencias: los fideos de calamar con salsa yakisoba. Un plato que, como todo lo que se come en Can Bigotis, está de principio a fin elaborado por ellos, desde la salsa hasta los fideos que Albert obtiene al cortar el calamar en tiras muy finas.

Horas de investigación y de dedicación a la cocina que se traducen en excelentes platos y tapas. Algunas de ellas ya son emblema de la casa: el crujihuevo, un huevo poché, rebozado por fuera, colocado sobre una base de foie a la plancha, puré de patata y espuma de ceps; y el brioche frito, relleno de foie con pera a la mistela, que acompañan con una mahonesa de cítricos. Imprescindibles.

El ceviche de corvina es otra interesante propuesta, y lo hacen siguiendo una receta original de la zona del Machu Picchu, en Perú. Está marinado con ají, lima, cilantro y jengibre, y para rebajar la acidez y el picante lo acompañan con una crema de boniato y chips de yuca. Si el comensal es más carnívoro, el cuello de cordero relleno de tuétano y setas con puré de chirivía, crujiente de patata y salsa de yogur, se presenta como una jugosa alternativa.

¿Y en el futuro? 

Christian y Albert desbordan energía, tienen los principios claros y trabajan duro para mantenerlos a rajatabla: cuidar la materia prima, que seleccionan con esmero y habitualmente en pequeños proveedores; ofrecer alta cocina de calidad a un precio económico, tanto en el menú de mediodía como en la carta; y conservar un trato cercano con el cliente y un ambiente de barrio, casi familiar, en el restaurante.

 

Can Bigotis funciona, y muy bien, por eso ya han empezado a preparar una ampliación del local. Lo siguiente quizás sea poner en marcha un foodtruck. Tienen muchas ideas pero para desarrollarlas lo quieren hacer bien, con calidad y pisando sobre seguro. Nada extraño, es lo mismo que hacen en su cocina.

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