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Mediterránea.  5illes BEACH&SUNSET.
Platja de s'Estany, Colònia de Sant Jordi.(Balears)

5illes: el restaurante sobre la arena en Mallorca con el que sueñas

Marta Simonet 04/06/2021

Bajamos las escaleras de la Platja de S’estany en la Colonia de Sant Jordi (Mallorca) y plas, parece que hemos viajado al Caribe. O algo mejor. Estamos en un dibujo del mediterráneo más auténtico. Caminamos por la orilla, el agua azul, cristalina, turquesa. La arena fina y el cielo un lienzo infinito de acuarela azulina. Los pinos crean una línea verde y marrón irregular a los márgenes de este cuadro. Bajo ellos, y sobre la arena, ‘5illes BEACH&SUNSET’ el restaurante que todos queremos descubrir en una isla como esta para contarles a nuestros amigos “¡qué maravilla de paraíso!”. 

Un caminito con cuerdas que me recuerdan a los cabos de los barcos —o aquellos que se ponen alrededor de las obras de arte para que uno sea consciente del valor— nos indica la puerta de entrada a este restaurante abierto en el que no sabes dónde empieza la naturaleza y dónde el establecimiento. Una tortilla mediterránea, de maderas blancas y azules, lámparas de ratán o mimbre, guirnaldas de verbena y una carta que invita a pasarlo bien. El sitio está lleno, pero tenemos una mesa reservada.

Nos sentamos. Estamos a mitad de semana pero el ambiente me contagia un sábado a mediodía. Se acerca nuestro camarero, intuyo su sonrisa en los ojos. Deja sobre la mesa el cóctel de bienvenida (cava, zumo de naranja y granadina). Le pedimos dos cañas bien fresquitas y nos responde —además de con ellas— con un tarrito de salmón encurtido acompañado de otras maravillas (cebollita, limón, alcaparras, pimienta de colores en grano, aceitunas, alcaparras…). Pienso que esta idea me la llevo para hacerla en casa, así no pongo un plato de aceitunas a palo seco y me da alegría encontrarme una alcaparra que me estremezca. 

Sobre la mesa empiezan a desfilar platos abundantes, originales, ricos. El trampó con mejillones en escabeche. La ensalada mallorquina por excelencia con un tuist. “Los mejillones están escabechados de manera casera, los hacemos nosotros” me dice Aure García, Jefe de cocina y uno de los socios. Encuentro un sabor dulzón entre los ingredientes habituales, y sonrío cuando me doy cuenta de que es mango. Me encanta el mango, un punto tropical en un mar balear de tomates, cebolla y pimientos blancos. 

Ensalada 5illes

Llega la ensalada de langostinos con vinagreta de curry. Dulce, oriental, templada. El tamaño de los langostinos me indica que son mayores de edad. Están jugosos y se tropiezan con el crujiente de los anacardos. Un plato que me pediría como único o para compartir en el centro de mesa junto con el tataki de atún, los mejillones y los calamares. Menú de playa high level. El tataki de atún 5illes va acompañado de una salsita de mostaza antigua, soja y sésamo. El toque picante me sube leve por la nariz. El olorcito de los mejillones al curry rojo me lleva a Tailandia. Son pequeñitos —como me gustan—, la bandeja es enorme. Los calamares fritos con alioli de limón llegan acaparando los flashes de mis pestañas. Abro y cierro los ojos rápido. Más rápido. El calamar entero rebozado hasta las patas, cortado a trocitos, crujiente, sobre una la base de alioli. Estirados los trozos sobre el plato como si hubiesen caído de un cucurucho del barrio de Triana.

Con algunos de estos sabores bailándonos en la boca; el mar en frente; unas chicas en la mesa de al lado se chupan los dedos. Tienen sobre la mesa auxiliar una fideuá jugosa y llena de marisco. Las patitas de cangrejo —como pipas— van cayendo vacías sobre el plato. Entra la brisa. La pareja de otra mesa, le hace fotos al vino blanco. Una copa fresca de vino blanco con el mar de fondo. En la zona chill out, boles azules de ensalada de langostinos, gafas de sol y una pareja tumbada en la cama balinesa con una caña en la mano. 

Llega el camarero y nos dice que nuestro arroz está a puntito. Paella de conejo y vieiras, “el sofrito del conejo lo hago con un reventat de Amazonas”, nos dice Kike Martín (maestro arrocero) sosteniendo la paella con las manos. “La idea es llevar a la paella diferentes platos de la gastronomía mallorquina”, me sigue contando. “Tenemos paella de secreto con ajetes y sobrasada de Mallorca, paella de sopas mallorquinas con su teja de pan moreno…”, dice Kike. Mientras le escucho recitar, pensado que vamos tener que hacer varias visitas para ir probando una tras otra. 

Paella 5illes

Al atardecer, también hacen calderetas: caldereta de cangrejo y gambas, caldereta de rape, caldereta de bogavante y caldereta de langosta. Y la caldereta de lechona para los más hambrientos. Se me hace la boca agua pensando en el sol cayendo cerca del mar con toda su gama de naranjas, violetas y rosas reflejando en la mesa mientras me pido una caldereta. Me prometo volver un atardecer. Pasar un día de playa, llegar con un vestido vaporoso y mucha sal en la piel.

Estamos acabando. Nos vamos a pedir un cortado, no nos hemos dejado sitio para el postre a pesar del pecado. El camarero a mi lado tira de la cuerda que abre la tela del techo. Subo la mirada, suena la mítica canción del anuncio, se descorcha el verano. Las chicas de delante bailan, la música suena más alta, el sol no molesta, los pinos me hacen de sombrilla. Hay ambiente, las notas se entremezclan con el murmullo, las risas, los sonidos de los cubiertos, el ritmo de sus hombros siguiendo la base, y un haz de luz amarilla que entra reflejando en la arena blanca. Suave. El azul, la madera, los pinos. Un chiringuito de playa que es mucho más que un chiringuito. Un restaurante con el buen rollo de un chiringuito.

Me imagino volviendo pronto. Me veo saliendo del agua y llegando a la mesa con el pareo anudado a la nuca, el pelo mojado, la boca salada y un hambre voraz.

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