Mercado de Santa Ana
Sentarse a la mesa y pedir una pasta italiana, un tartar de atún y unos buñuelos de cangrejo suele significar visitar varios restaurantes distintos. En Estepona basta con elegir una mesa. Esa es la idea que hay detrás del Mercado de Santa Ana, un mercado gastronómico Estepona que ha reinventado el antiguo mercado de abastos de la localidad para convertirlo en un punto de encuentro donde conviven distintas cocinas bajo un mismo techo y, lo más importante, en una misma experiencia gastronómica.
Inaugurado en marzo de 2026, el proyecto ocupa el histórico Mercado de Santa Ana, un edificio que durante décadas estuvo vinculado al comercio tradicional y que hoy ha encontrado una nueva vida gastronómica. Detrás de la iniciativa está el empresario hostelero Quique Ceano, que llevaba casi dos décadas imaginando un concepto similar para Estepona. La oportunidad llegó finalmente tras ganar la concesión del espacio y acometer una profunda transformación que ha supuesto una inversión superior al millón de euros.
C. Villa, 9
29680 Estepona Málaga
España
La reforma ha ido mucho más allá de una actualización estética. Las antiguas ventanas selladas volvieron a abrirse, la piedra del cercano Castillo de San Luis se incorporó al discurso visual del mercado y el diseño buscó un objetivo muy concreto: que el visitante sintiera que seguía estando en la calle. La abundancia de luz natural, los toldos, la vegetación y la integración del entorno histórico consiguen que el límite entre interior y exterior se difumine. Pero si la arquitectura invita a quedarse, la gastronomía es la que termina de convencer.
Un mercado gastronómico en Estepona donde nadie tiene que ponerse de acuerdo
La principal singularidad de Santa Ana no está únicamente en la variedad de su oferta. También reside en la forma de disfrutarla. Mientras que en muchos mercados gastronómicos el cliente debe recorrer distintos puestos de comida para pedir y recoger sus platos, aquí todo funciona como un único gran restaurante.
La mecánica es sencilla. Los comensales se sientan en una mesa y pueden pedir elaboraciones procedentes de cualquiera de los espacios gastronómicos. El resultado es una experiencia especialmente cómoda para grupos donde cada persona tiene gustos diferentes. Quien quiera sushi puede pedirlo. Quien prefiera pasta fresca italiana también. Y quien se incline por una propuesta mediterránea o por el atún rojo no tiene que renunciar a ella.
El chef ejecutivo Javier Villanueva resume la filosofía del proyecto como una búsqueda de diversidad gastronómica capaz de satisfacer cualquier momento del día, desde el desayuno hasta la cena. La idea es que cada espacio tenga personalidad propia, pero que todos formen parte de una experiencia conjunta.
Italia entre tradición y producto
Uno de los rincones con más personalidad del mercado es el dedicado a la cocina italiana. Lejos de limitarse a las recetas más conocidas, apuesta por platos que permiten descubrir algunas de las elaboraciones más representativas de la gastronomía transalpina.
Entre ellas sobresale el vitello tonnato, una especialidad originaria del Piamonte que sigue sorprendiendo a quienes la prueban por primera vez. El plato combina finas láminas de ternera blanca cocinada a baja temperatura y servida fría con una salsa elaborada a base de mayonesa, atún, anchoas y alcaparras. El resultado es una mezcla elegante y equilibrada donde la suavidad de la carne encuentra el contrapunto perfecto en una salsa intensa y llena de matices.
La segunda propuesta es una muestra del protagonismo que adquiere la pasta fresca en este espacio: unos tortelloni rellenos de ricotta, acompañados por setas y trufa. La cremosidad del queso, los aromas terrosos de las setas y la profundidad aromática de la trufa convierten este plato en una de las elaboraciones más representativas de la cocina italiana presente en Santa Ana.
Japón en clave contemporánea
La oferta japonesa aporta uno de los perfiles más internacionales del mercado. Entre los platos degustados destaca el taco roll, una propuesta que fusiona la técnica del sushi con una presentación más desenfadada y contemporánea.
Junto a él aparecen unos langostinos crujientes servidos con salsa japonesa y acompañados por lima. El contraste entre la textura ligera y dorada del rebozado y la cremosidad de la salsa convierte este plato en una de esas raciones para compartir que desaparecen rápidamente del centro de la mesa. La cocina japonesa encuentra así su espacio dentro de una propuesta gastronómica amplia, sin perder personalidad propia.
El atún rojo y el protagonismo del marisco y pescado
Si hay un producto capaz de conectar de forma natural a Estepona con el litoral andaluz, ese es el atún rojo. Por ello dispone de un espacio específico dentro del mercado.
Entre sus elaboraciones más representativas figura una tosta de atún de Barbate aliñado, acompañada por salsa de trufa y alga wakame. La combinación busca equilibrar la potencia marina del pescado con notas umami y matices aromáticos que aportan complejidad al conjunto.
La segunda propuesta es un tartar de atún que apuesta por la sencillez. Apenas aliñado, permite apreciar toda la calidad de una materia prima que se ha convertido en uno de los grandes iconos gastronómicos del sur peninsular.
Son dos platos muy distintos entre sí, pero unidos por una misma filosofía: dejar que el producto sea el verdadero protagonista. No es casualidad que el marisco y pescado tengan un peso tan destacado dentro de una propuesta gastronómica que mira constantemente al Mediterráneo.
La visión mediterránea de Javier Villanueva
La propuesta mediterránea funciona como un puente entre la tradición local y una ejecución contemporánea. Es probablemente la cocina que mejor conecta con el entorno donde se ubica el mercado.
Entre las elaboraciones seleccionadas para representar este espacio destaca un pargo al horno, una receta que reivindica el valor del producto y de las elaboraciones aparentemente sencillas cuando se ejecutan con precisión.
Junto a él aparecen unos buñuelos de cangrejo, una propuesta más desenfadada que aporta textura, sabor y cierto aire creativo a la carta. Crujientes por fuera y jugosos en el interior, representan bien la voluntad de combinar tradición y modernidad que impregna buena parte de la oferta gastronómica de Santa Ana.
La intención es trabajar con buen producto de temporada y ofrecer una experiencia que funcione igual de bien para una comida informal que para una cena más reposada.
Del tapeo en Estepona a las tapas con personalidad
Otro de los espacios más dinámicos del mercado es la barra central, donde conviven referencias locales con propuestas más creativas. Es una parada obligatoria para quienes buscan disfrutar del mejor tapeo en Estepona sin renunciar a propuestas diferentes.
Entre las más demandadas se encuentra una tosta de bonito del norte acompañada por pimiento del piquillo glaseado y una vinagreta donde aparecen notas de wasabi, miel y naranja. Una combinación que juega con los contrastes dulces, ácidos y ligeramente picantes.
También destaca un bocadillo de pastrami servido con salsa tártara casera y pepinillos del norte, una elaboración que aporta un aire cosmopolita a la oferta del mercado.
La barra recupera además sabores vinculados a la tradición andaluza mediante pequeños molletes inspirados en recetas populares, como los elaborados con anchoa y leche condensada o las versiones que reinterpretan la clásica pringá.
Mucho más que gastronomía: pan de masa madre y tardeo
La experiencia se completa con una panadería de masa madre elaborada diariamente, una cuidada selección de ibéricos, una amplia propuesta de enológica y una oferta de coctelería que refuerza el carácter social del espacio.
Todo ello convierte a Santa Ana en un atractivo plan de tardeo tanto para residentes como para visitantes. No es sólo un lugar donde comer, sino también un espacio para reunirse, compartir y prolongar la sobremesa.
Un ambiente familiar para disfrutar del mercado
Sin embargo, quizá la mayor virtud del Mercado de Santa Ana sea haber encontrado una fórmula capaz de atraer tanto al visitante como al propio esteponero. Lejos de apostar por un concepto exclusivamente orientado al turismo, Quique Ceano tenía claro que el proyecto debía funcionar primero para quienes viven en la ciudad.
Esa filosofía parece haber encontrado respuesta. En apenas unos meses, el antiguo mercado de abastos ha recuperado el bullicio que siempre caracterizó a este rincón del casco histórico. La diferencia es que hoy las conversaciones ya no giran alrededor de la compra del día, sino de si pedir pasta fresca, sushi, atún rojo o un buen pescado mediterráneo.
Con un marcado ambiente familiar, una oferta gastronómica muy diversa y opciones para distintos presupuestos, este mercado gastronómico Estepona se ha convertido en uno de los proyectos culinarios más interesantes de la Costa del Sol. Además, quienes buscan información sobre el precio medio para comer o cenar encontrarán aquí propuestas que van desde un aperitivo informal hasta experiencias gastronómicas mucho más completas, siempre con la flexibilidad como una de sus principales señas de identidad.