Bar Super

Bar Super, cocina de mercado mediterránea en barra japonesa
7 Octubre, 2026
Bar Super ha irrumpido en el Born como una de las aperturas más interesantes de Barcelona, con una cocina de mercado creativa, producto fresco de Santa Caterina y una original barra de inspiración japonesa que acerca la cocina al comensal.

Si buscamos dónde se come mejor en la ciudad de Barcelona, está claro: el Born. El barrio estrenó el pasado 2024 su propio sello gastronómico, ‘Born Districte Gastronòmic’, una iniciativa que reúne tiendas de productos selectos, restaurantes, coctelerías y entidades gastronómicas con el objetivo de promocionar la oferta culinaria del barrio y reivindicar su capacidad para crear vínculos entre las personas. Y Bar Super es, sin duda, uno de esos lugares que hacen de este barrio barcelonés el epicentro del buen comer en la ciudad.  

Con una cocina de mercado basada en la temporalidad y el respeto al producto, este bar —más bien restaurante— trata de acercar al cliente a los sabores locales y de proximidad. Con una enorme cristalera enfocada al Mercado de Santa Caterina —de donde, nos confiesan, proviene todo lo que sirven—, el Bar Super es el claro ejemplo de sencillez bien tratada. Solemos creer —de forma errónea— que cuando un local vende que “respeta el producto”, vamos a comer carnes o verduras a la brasa, inalteradas y sin mucha receta; este lugar cambia por completo esa creencia. Se puede —y si no lo creéis, id a comprobarlo— respetar el producto con una gran idea en cocina. 

Info adicional:

Plaça de Santa Caterina, 3, Ciutat Vella
08003 Barcelona Barcelona
España

930 25 67 26

Un garito joven con estilo nipón 

Al preguntar por la historia del local, nos cuentan que llevan abiertos apenas un añito y medio, en marzo de 2025: “Al tener el mercado enfrente, nuestra idea es trabajar con producto de mercado y volver a la sencillez, haciendo que el producto, su calidad y su frescura sean los protagonistas. Apostamos por intervenirlo lo mínimo posible: llevarlo del mercado al plato y recuperar su sabor auténtico, sin disfrazarlo”. 

En sus instalaciones, la barra ocupa el lugar central y la mayoría de las sillas están orientadas hacia ella. “Era esa la idea principal, de hecho”, afirman; “todo el bar está inspirado en las barras japonesas y nos permite tener una relación diferente con el cliente: verle a la cara, conversar con él y explicarle los platos”. De este modo, se puede observar el funcionamiento del restaurante y todo lo que sucede en la cocina. La barra convierte ese movimiento en una especie de espectáculo y forma parte de la experiencia; uno puede ver lo que pide el de al lado, cómo se emplata lo que ha pedido o qué vino toman otros clientes.  

‘Cuina de mercat’ 

Empezamos con un carpaccio de gambas rojas de Palamós con el aceite de sus propias cabezas, acompañado de una quinoa inflada y cilantro, un plato que demuestra que los sabores del Mediterráneo son cada vez más versátiles en nuestra cocina y conviven con sabores y productos predominantes en zonas como Perú. Si la fusión japo-peruana se llama ‘nikkei’, ¿cómo deberíamos llamar a esto? 

Seguimos por el que fue, en mi opinión, uno de los platos estrella del restaurante: las flores de calabacín en tempura con una salsa de mató y albahaca. Si las flores de alcachofa entraban en mi lista de mejores productos de kilómetro cero, estas se han convertido, sin duda, en mis favoritas. Nunca antes había probado la flor del calabacín y su sabor, sumado a una tempura exquisita y crujiente y esa ligera salsa láctica —muy similar a un tzatziki griego pero elaborada con productos catalanes—, se convirtió en un cien de diez. 

La ensalada de tomates de temporada, albahaca y guindilla fresca es todo un acierto de guarnición para uno de sus platos fuertes: el lomo bajo acompañado de una exquisita crema de berenjena ahumada y decorado por encima con chalotas y cerezas encurtidas. Si bien el lomo era de una calidad excepcional, cabe destacar que en su cocina saben elegir los productos de primera clase con un mimo digno de ovación. Tomates amarillos, Raf, kumatos y cherrys: la ensalada fue lo que hizo redondear por completo la elección de la carne.  

Por último, el chef nos deleita con el plato más reseñado por medios y el público: su butifarra. Se leen tantas cosas sobre ella… “con su butifarra a la brasa –con escalivada, aunque va cambiando según la temporada– con mostaza y aceite de ñora ya tenemos casi todo lo que hace falta para ser felices durante un rato” o “entre las carnes destaca la butifarra con salsa de setas y encurtidos que les prepara el señor Vilà, también con parada en Santa Caterina”, que uno nunca sabe si la fama es para tanto. Pero, al probarla, no hay duda: una verdadera muestra de lo que es una butifarra catalana hecha en buenas manos. 

Un cierre atípico  

Como cierre, nos ofrecen su nectarina con una quenelle de cremoso de chocolate blanco, crocante de avellana y sauco. Un postre muy atípico que puntúa el sabor de la fruta con un golpe de brasa que le refuerza el dulzor y la aleja de su acidez clásica. Si bien no es para todos los paladares —y mucho menos para aquellos que aman cerrar una buena velada con un toque muy goloso—, es un plato equilibrado y redondo que reafirma las convicciones del Bar Super: tocar el producto lo mínimo posible, respetar el origen y los sabores primarios. Todo un acierto.   

Bar Super demuestra que respetar el producto no significa limitarse a servirlo sin más, sino saber intervenirlo con inteligencia para realzar sus virtudes. Su cocina mediterránea, fresca y creativa, encuentra en la barra de inspiración japonesa el escenario perfecto para acercar los fogones al comensal. Un restaurante joven, desenfadado y con las ideas muy claras que confirma por qué el Born sigue siendo uno de los barrios donde mejor se come. 

Fotografía: Marío García. 

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