La Salmorreta

La Salmorreta, una arrocería en Almería donde el arroz no lo es todo
La Salmorreta
30 Marzo, 2026
En La Salmorreta el arroz manda, pero no acapara. Este restaurante reciente combina producto bien tratado, cocina casera y una carta pensada para compartir, con arroces de capa fina que ya apuntan maneras en la ciudad.

Si buscas una arrocería en Almería en la que el arroz sea el gran reclamo, pero no el único argumento para sentarse a la mesa, conviene apuntar este nombre: La Salmorreta. Abierto en marzo de 2025, este restaurante nace con una idea muy clara: ofrecer buen producto, una cocina hecha desde cero y arroces pensados para compartir y disfrutar. Si con frecuencia te preguntas dónde comer arroz en Almería, puede que hayas encontrado tu lugar. 

La Salmorreta se mueve en ese terreno donde encajan la cocina tradicional almeriense, la comida de inspiración mediterránea y una carta concebida para compartir unos entrantes, pedir un arroz y salir con la sensación de haber comido bien sin que la cuenta se dispare. No es casualidad. Al frente del proyecto está Fran Bonilla, curtido en hostelería desde adolescente y vinculado a una familia de hosteleros. Esta arrocería es su capricho, el restaurante al que le gustaría ir como cliente. 

Info adicional:

Calle Antonio Muñoz Zamora, 22
04007 Almería Almería
España

614 41 10 43
De martes a domingo, de 13 a 17 h

Una idea muy clara de restaurante 

Fran Bonilla lleva toda la vida en hostelería. Se crio en ese ambiente, trabajó codo con codo con su padre en el bar Barro y más tarde abrió Karbón, una hamburguesería en un local cercano. Con La Salmorreta ha dado otro paso, esta vez desde una afición muy personal: su costumbre de salir a comer arroz con frecuencia. De ahí nació la idea de abrir un restaurante en el que se sirvan arroces, aunque él mismo huya de una definición demasiado rígida. 

De hecho, Bonilla insiste en que La Salmorreta no quiere ser solo una arrocería al uso. Su planteamiento parte antes del producto que del recetario. La base de la casa se resume en tres pilares: producto, arroces y cocina de verdad, sin V gama. La intención es sencilla de explicar y bastante difícil de ejecutar: tratar bien la materia prima, cocinar con precisión y conseguir que el cliente quiera volver. 

También en la sala hay discurso. Para Bonilla, la experiencia empieza cuando el cliente entra por la puerta. Sonrisa, oficio, comodidad y atención a los detalles. Ese equilibrio entre cocina y servicio es parte importante de una casa pensada tanto para comidas de negocios entre semana como para comer en familia los fines de semana. 

La Salmorreta

Arroces secos y de capa fina 

La gran pregunta, claro, es qué pasa con los arroces. Y aquí La Salmorreta ha encontrado rápido un perfil reconocible. Fran Bonilla siente predilección por los arroces secos de capa fina, una escuela muy concreta que busca intensidad, equilibrio y grano suelto. Aun así, el cliente puede pedirlos secos, melosos o caldosos. Lo mismo sucede con la fideuá, algo que amplía el rango de públicos y gustos. 

Entre los más pedidos están el arroz de pluma ibérica con setas shitake y el de gamba roja. También funcionan muy bien el de pulpo y el de bogavante. Son platos que ayudan a entender por qué este local se está haciendo un hueco entre quienes buscan fideuá y arroces especiales en la ciudad sin caer en extravagancias gratuitas. 

El secreto, según la casa, está en tres elementos. Primero, el fumet, casero y trabajado según el tipo de arroz que encarga el cliente: base de pescado de roca y marisco para la mayoría, cabezas de gamba roja para otros, o solo caldo de cocción en el caso del arroz de pulpo. Segundo, una salmorreta propia, muy concentrada, que aporta profundidad. Y tercero, el arroz, apartado en el que han encontrado estabilidad con la marca Molino Roca. Todo eso se traduce en un resultado honesto, reconocible y centrado en el sabor. 

La Salmorreta

Mucho más que arroz: producto, cocina casera y guiños al recetario local 

Lo interesante es que La Salmorreta no se queda en el arroz. Su carta está pensada para que la espera merezca la pena y para que el comensal mire más allá de la paella. Ahí aparecen pintxos individuales y platos para compartir, junto a algunas recetas con bastante tirón. 

Entre los platos que mejor definen la propuesta están el pulpo de Almería con crema de boniato, la marraná de pulpo (un guiño claro a la tradición marinera local), las croquetas (especialmente las de marmitako de atún), las tortillitas de camarones al estilo de Ángel León, la ensaladilla de gamba, las kokotxas de bacalao al pil pil o la escalivada con burrata. También suele haber un guiso del día, casi siempre marinero, y una atención especial a los fuera de carta, donde mejor se aprovecha la temporada. 

Aquí vuelve a aparecer uno de los valores más interesantes del proyecto: la reivindicación de una cocina casera con sabor en la que todo se elabora desde cero. No hay atajos industriales y, siempre que es posible, se prioriza el producto de cercanía. Bonilla tiene, además, tres fetiches bastante reveladores: pulpo, atún rojo y gamba roja. Basta leer la carta para comprobar que no lo dice por decir. 

La Salmorreta

Experiencia y ticket medio 

La experiencia en sala termina de perfilar el proyecto. La Salmorreta tiene una terraza para unas 30 personas, un salón más formal con manteles blancos y capacidad para 45 comensales, y una zona más informal de barra y mesas altas a la entrada. Esa distribución le permite jugar con distintos momentos del día y distintos perfiles de cliente. 

El fin de semana manda el público familiar; entre semana, las comidas de trabajo y quienes comen fuera de casa con frecuencia. En ambos casos, la intención del restaurante es la misma: resultar cómodo, fiable y volver una segunda vez. El ticket medio se mueve entre 40 y 45 euros por persona, una franja razonable para una propuesta que trabaja buen producto y servicio cuidado. 

En el capítulo dulce, dos postres suelen funcionar especialmente bien: la tarta de queso y el chocolate con AOVE y sal. Remate lógico para una comida que aspira a dejar una impresión nítida y sin distracciones. 

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