El Rancho

El Rancho, carnes argentinas y gallegas a pie de Mediterráneo
El Rancho
El Rancho
4 Noviembre, 2022
Pachi Larrosa
El restaurante, ubicado junto al puerto pesquero de Cabo de Palos (Cartagena), constituye todo un oasis de proteínas cárnicas de alta calidad e inusuales cortes de carne, además de arroces elaborados al fuego de leña.

Hay al menos tres cosas que José Luis Gestoso, propietario del restaurante El Rancho, en Cabo de Palos (Cartagena, Murcia) sabe hacer muy bien: jugar al fútbol, hacer arroces y montar restaurantes. A este valenciano-catalán, ex jugador del Español y del Cartagena F. C. (Efesé, para los amigos) no se le ocurrió hace una década una mejor idea que levantar un templo del placer cárnico, un asador argentino, a 100 metros del puerto de uno de los pueblos pesqueros más significativos de la costa murciana. O sea, la Pampa en mitad de una playa mediterránea. “Se trataba de hacer algo radicalmente distinto a lo que hacía el resto del sector, de diferenciarnos y de dar una oportunidad a aquellos amantes de la carne en un mundo de doradas, lubinas, chopitos, mújoles y pulpos”, recuerda. Y acertó. De lleno.

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Vacuno de pasto

Desde luego, este no es lugar para veganos. La impresionante carta es un despliegue de elaboraciones cárnicas originarias a partes iguales de Argentina y de diferentes puntos de España, especialmente Galicia. Con esa idea nació hace una década, y con esa idea continúa llenando sus amplios salones. “Siempre usamos vacuno de pasto, carnes de primera calidad. Al final lo que queremos es que la gente pueda comerse aquí un solomillo o un corte de carne que no pueda comer en su casa”.

La carta es un espectáculo: entrantes argentinos como croquetas de angus, de rabo de toro, carpaccios de solomillo y foie, provolone con setas y frutos secos... pero también huevos rotos o tempura de verduras. Si entramos a matar hay donde perderse: bife a la pimienta verde, solomillo Buenos Aires, costillas a la barbacoa, asado de tira (corte trasversal del costillar del vacuno, especialmente sabroso que mantiene una parte de cada costilla y que justifica un festival de rechupeteos digitales), chuletón de vaca gallega, solomillo de cerdo ibérico con salsa de miel y mostaza... y unas decenas más de propuestas.

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La muerte roja

Aquí hay que entrar con la mente despejada, el estómago vacío y dispuesto a sumergirse en el sabroso mundo de la proteína y la grasa animales. Para los más valientes, la casa te puede poner delante un chuletón de vaca gallega de 1 kilo (José Luis asegura que se vende bien); la parrillada gaucha (chorizo, morcilla, mazorca, asado de campo, pollo, contramuslo, secreto ibérico y entraña), y la demandada parrillada especial Rancho, que es como un recorrido por todas las carnes que aquí se trajinan. Y ya, si quemamos todas las naves, nos tiramos a por La muerte roja (así aparece en la carta): 1 kilo de lomo alto argentino. El requiescat in pace va de cuenta del cliente.

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La carta propone siete ensaladas y un capítulo con 11 postres, algunos tan internacionales como profiteroles, tiramisú, brownies y tartas red velvet y carrot cake. Sin duda, un guiño al numeroso porcentaje de clientela extranjera compuesta no solo por visitantes de una zona tan turística, sino de residentes permanentes, muy abundantes en los alrededores.

Arroces a la leña

Pero, ¿y los arroces? José Luis lleva en los genes el manejo del arroz. Al principio, amigos y compañeros, entre ellos algunos del mundo del fútbol, le pedían que les hiciera uno para llevárselo a casa un fin de semana. Hasta que le llegó por muchos lados la sugerencia de que los incorporara a la carta del restaurante. Hoy el cliente puede elegir entre ocho referencias de arroces a la brasa, que, supervisados personalmente por José Luis, se han convertido en una de las opciones más demandadas.

Pero aquí no vamos a encontrar los sempiternos arroces tapados por montañas de gambas arroceras, aros de calamar y mejillones con sus conchas. Ni el ya cansino arroz con bogavante. Aquí hay una espectacular fideuá de campo con magra de cerdo, costilleja ibérica y verduras; un típicamente murciano arroz de conejo y caracoles, o una delicia de arroz de secreto ibérico y boletus que se bebe. Eso sí, como homenaje a los arroces locales, encontraremos un arroz de Cabo de Palos con marisco pelado, o sea, un arroz de señorito, o el icónico arroz en caldero, un arroz meloso que los pescadores cocinaban con los pescados que no podían comercializar en un caldero colgado de un trípode, lo que evitaba, si se elaboraba en el barco, que su bamboleo vertiera el fondo.

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Un servicio impecable, en el que cada camarero conoce a la perfección cada propuesta de la carta es otro de los atractivos de El Rancho que, además, siguiendo con los guiños a su clientela extranjera, británica sobre todo, mantiene su cocina abierta de forma ininterrumpida, de tal manera que a las seis de la tarde pude estar dando cenas. Lo que, por cierto, teniendo en cuenta el tipo de oferta y el volumen de las raciones, no parece mala idea si a la noche queremos pegar ojo.

Sea a la hora que sea, El Rancho de Cabo de Palos es un irreductible y recomendable paréntesis en un entorno abarrotado de mástiles, jarcias y redes de pesca.

Carr. Subida al Faro, 17
Cabo de Palos Murcia
España

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