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Tradicional.  Café de Pandora.
Calle San Bernardo, 6, Avilés.(Asturias)

El Café de Pandora: la confirmación de un clásico tras el cambio generacional

Jorge Guitián 02/09/2021

El Café de Pandora es ya un clásico de Avilés. Con más de dos décadas de andadura y dos generaciones trabajando mano a mano, su apuesta por el producto local enfocado desde una actualización medida, ha convertido a este restaurante en la opción elegida cada día por muchos avilesinos y visitantes.

Cerca ya de cumplir 25 años de andadura El Café de Pandora, lejos de mostrar signos de agotamiento, vive un momento dorado que ha llevado a que en los últimos años su oferta se enriquezca y se vuelva más ambiciosa sin perder las señas de identidad que el negocio tiene en el trato familiar y en la calidad del producto. 

Avilés es una plaza exigente, una localidad acostumbrada a un producto de un nivel incuestionable, tanto en lo referente a la despensa marina, seguramente su estandarte, como a las carnes asturianas y a una huerta que, con el paso de las temporadas, ofrece una paleta espectacular de posibilidades. 

Esto ha llevado a que el público local, como ocurre en general en Asturias, esté muy bien acostumbrado y sea particularmente exigente. Por eso, el hecho de que El Café de Pandora esté año tras año entre sus favoritos es señal de que aquí, en este local de la calle San Bernardo, en pleno corazón de la ciudad, ocurren cosas especiales. 

Café Pandora

El motivo no es otro que una propuesta honesta, basada en el producto local aunque combinada ocasionalmente con técnicas o elaboraciones llegadas de otras latitudes, y esa cercanía que otorga el paso de los años. El restaurante es ya, para varias generaciones de vecinos, una presencial habitual, uno de esos lugares cotidianos en los que sentirse como en casa y en los que celebrar ocasiones especiales o, simplemente, desconectar sabiendo que se están poniendo en buenas manos. 

Eso es lo que ofrece El Café de Pandora, un espacio familiar y cercano, un restaurante que a lo largo de este casi cuarto de siglo ha crecido, ha evolucionado, pero ha sido capaz de mantener su esencia en el proceso. Podrían haber cambiado el nombre, podrían haber reformado el interior para dejar atrás ese origen de cafetería, pero eso es ya parte de su identidad y los Villa Pérez, los propietarios, son conscientes de ello, así que lo preservan con orgullo. 

Café Pandora

El local es, de hecho, una forma de leer el crecimiento del negocio familiar desde aquella cafetería de los años 90 que abrieron Cristina Pérez y Alberto Villa, aquel espacio que poco a poco fue ganando clientela habitual y enriqueciendo su carta hasta lo que, con la incorporación de Alejandro, el hijo de la pareja, es hoy: un imprescindible de la ciudad. 

Porque si Alberto y Cristina aportan la solidez, el oficio que otorgan los años, Alejandro es la innovación, las nuevas propuestas que llevan la cocina un paso más allá. Y es en ese proceso en el que el restaurante encuentra aquello que lo define hoy en día. 

Alberto maneja la sala con soltura, con esa amabilidad profesional de quien conoce todos los resortes de la profesión y lleva el trato al cliente en la sangre. Cristina ha ido cediendo responsabilidades a Alejandro, que pasó por la escuela de hostelería de Pravia y por cocinas como la del Real Balneario de Salinas antes de incorporarse al negocio. 

Juntos han conseguido que El Café de Pandora sea una presencia constante en el podio de los concursos de tapas locales, en los que se ha labrado una merecida fama, pero, sobre todo, han conseguido que en su carta convivan platos de corte tradicional con algunos otros de enfoque más actual, dotándola de un carácter único. 

Esto, a su vez, funciona como elemento de atracción para diferentes generaciones de avilesinos y visitantes. La clientela de siempre, la que los conoce desde los orígenes, llega llamada por propuestas como su arroz con pitu de Piniella, las cocochas de bacalao al pil-pil, los callos guisados con chorizo y jamón o sus carrilleras ibéricas. 

Café Pandora

Al mismo tiempo, quien busca algo más cercano a las tendencias y una nueva clientela, más joven, explora propuestas como el falso risotto cremoso de trufa blanca, las navajas al Josper con pil-pil de yuzu y Pedro Ximénez, el tartar de atún rojo macerado en dulce de sésamo con huevo trufado o el arroz blanco cremoso con queso Gamoneu y calamares en su tinta. 

Dos universos que conviven sin fricciones, ya que ambos salen de las mismas manos y los dos se basan en una apuesta irrenunciable por el producto. Tradición y modernidad coexisten en una carta que se niega, al mismo tiempo, a separar esas dos vertientes y explora todo el espacio intermedio con acierto en platos de raíz clásica pero que, a través de guiños o sutiles innovaciones técnicas, se actualizan en la justa medida. 

Mejillones gallegos ahumados al carbón, steak tartar de solomillo y lomo alto con mostaza anaranjada, paletilla de lechazo segoviano cocinada a baja temperatura y acabada en horno de carbón o arroz con salsa verde y cocochas de bacalao son buenos ejemplos de esta línea de platos actuales, pero de raíz atemporal. 

Y junto a ellos, aún, una línea de cocina más cercana al tapeo, a esa esencia de la cafetería. Clásicos informales que se ilustran y se ponen al día para ser propuestos de una manera novedosa: la tosta de anchoa se propone, aquí, con guacamole y queso Parmesano, los fritos de pixín (rape) se acompañan con trufa negra en temporada, la ensaladilla rusa se sirve coronada por porciones generosas de bogavante asado al carbón y las croquetas de jamón, una de sus especialidades más populares, se mantienen en la línea más clásica. 

Café Pandora

Todo ello combinado con dos ambientes. El interior, la cafetería original que con el paso de los años ha ido ganando en confort; atrás, una terraza muy buscada en verano para disfrutar de comidas al fresco, con toda la tranquilidad de esos patios traseros, invisibles desde la calle, en los que dejar pasar las horas. 

Con estos mimbres El Café de Pandora ha conseguido cuajar un espacio con personalidad, con ese carácter acogedor de las casas con la solera que otorgan los años; un espacio que combina el respeto al producto con dosis de innovación. Un lugar en el que conviven los clásicos con las nuevas tendencias de una manera acertada que lo convierte en un atractivo para diferentes públicos. 

El Café de Pandora es ya un clásico de la ciudad, pero un clásico en plena vigencia. Un espacio buscado por locales y visitantes que ha conseguido hacerse un nombre a fuerza de constancia y que ha sabido dar el difícil paso del cambio generacional de una manera natural, sin altibajos, para encarar una nueva juventud. 

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