Y es que su actual y reciente propietario, Óscar Casasnovas, quería recuperar su pasado glorioso a base de una propuesta gastronómica sencilla donde poder ofertar desde un pincho de tortilla a mitad mañana hasta una copa con los amigos al salir del trabajo. Porque así está convencido de poder recobrar la tradición de uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad que ahora, con tanto restaurante gastronómico y cadenas de comida rápida, ha perdido su verdadera esencia.