El chef del restaurante Coure, Albert Ventura, va cada mañana y cada tarde a trabajar como quien va a la oficina. Rehuye de etiquetas, elogios, sobresaltos técnicos y florituras. Su filosofía (término que prefiere evitar) se fundamenta sobre el trabajo duro y la atención minuciosa al cliente. Y no es un postura. "Yo vengo y hago mi trabajo. Disfruto hablando con mis clientes, viéndoles comer", sentencia. De hecho, renuncia a la propiedad del restaurante: "El Coure es de mis clientes".