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Gracias por el artículo.

Me gustaría añadir una pequeña reflexión. Para mí, no tiene sentido que el trabajo con productos de cultivo ecológico se aborde desde la perspectiva "tradicional" en la que el producto tiene que viajar de A (agricultor) a G (consumidor) pasando por innumerables intermediarios que, sin añadir valor al mismo más que el hacer que cambien de manos, sí le añaden precio.
El trabajo con producto ecológico para mí sólo tiene sentido si su viaje es tan sólo de A a C, como máximo. Entonces es ecológico el producto y reducimos el coste, tanto medioambiental como monetario, que implican los intermediarios. Queda simplificada así también la cuestión de la trazabilidad.

Y, francamente, si veo las rías mientras compro, o veo los campos donde crecen los rábanos, poco voy a poder dudar de su procedencia.

El planteamiento puede sonar pueril. Pero cabría resucitar quizá el sentido "aldea" a la hora de producir, comprar, vender y consumir.

Quizá, y abuso de nuevo de este adverbio, entonces, y desde esta óptica de lo pequeño y de lo simple, todo tendría más valor, menor precio y un poco más sentido.

De nuevo gracias por el artículo, tengo curiosidad por ver qué comentarios van apareciendo.

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