Haced el experimento con alguien de confianza, por si os ganáis una colleja. Mientras habláis de cualquier cosa, acercaos poco a poco. Llegará un momento en el que la situación se volverá incómoda y vuestro interlocutor se apartará aunque sea inconscientemente. Esa distancia de intimidad representa el escudo protector que nos garantiza un ámbito inmediato libre de interferencias. Solo lo cruzamos en situaciones concretas...–para saludar, celebrar o consolar– o entre seres queridos, que por eso solemos llamar cercanos. La intimidad no es solo individual.