Pedir un bollo siempre anticipa un momento de comunión con la masa, la práctica de un rito antiquísimo y profundamente carnal, un gozo supremo. El bollo es, por definición, una pieza pequeña, a menudo concebida para el consumo individual y el placer egoísta. Te compras un bollo para ti y no lo vas a compartir, vas a disfrutar en solitario del placer inigualable que es capaz de proporcionarte. Ya sea un bollo de mantequilla en Bilbao, o un kardemummabulle en Uppsala.