Entrar en el Milano es como hacer un viaje en el tiempo hasta la era dorada del jazz: sofás rojos, luces tenues, camareros vestidos de blanco y casi todos los días del año a partir de las 20 h la mejor música en directo, ya sea jazz, swing o blues. Nos hallamos en un paraíso para sibaritas donde saborear una gran variedad de cócteles preparados por unos bartenders que son maestros de ese arte.