Cuando entras por primera vez en La Salita es fácil reconocer los casi 9 años de bagaje del local. Se identifica a la perfección la idea que sus propietarios, Begoña Rodrigo y su pareja Jorne Buurmeijer, le quisieron imprimir desde un primer momento y que no es otra que dar a los clientes la misma sensación de comodidad que les ofrecería la salita de su casa, hasta tal punto que deseasen quitarse los zapatos. De ahí el nombre escogido.