Pasar al contenido principal
srcset

Bienvenido

¿Eres mayor de edad?

Sí
No

No puedes acceder siendo menor.

Home
  • Home
  • Restaurantes
  • Recetas
  • Tendencias
  • Rincón del Chef
  • Top Lists
  • Agenda
  • Iniciar sesión
Home
  • Home
  • Restaurantes
  • Recetas
  • Tendencias
  • Rincón del Chef
  • Top Lists
  • Agenda
  • Iniciar sesión
  1. Home
  2. Tendencias
  3. Carne de Caballo: Tradición, Tabú y Tendencia

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

8 Enero, 2026
Òscar Gómez
La carne de potro o caballo es rica en nutrientes y baja en grasas, una solución alimenticia de alto valor no exenta de discusión que, sin embargo, forma parte de la tradición culinaria europea. ¡Conoce mejor sus características y sácale partido con estas recetas!

La carne de caballo ocupa un lugar incómodo en la conversación gastronómica europea. Lo sé porque tengo amigos y conocidos que presentan objeciones éticas a su consumo. Para algunos —entre los que me cuento— es una carne ligada a la tradición rural y a la cocina de aprovechamiento, pero para otros es un tabú cultural difícil de superar. Ya sabemos que lo que comemos o no comemos obedece a nuestra cultura y costumbres. La cocina es un constructo, y por eso otros pueblos consumen animales que nosotros consideramos mascotas, y nosotros comemos animales (caracoles, sin ir más lejos) que otros consideran como bichos poco atractivos. Esta es una realidad imposible de evitar, y existe un grupo numeroso de personas en nuestra sociedad que considera aberrante consumir carne de caballo. Es lo que hay. 

Aun así, para un número creciente de cocineros y comensales curiosos, esta es una carne interesante que vuelve a asomarse a cartas y recetarios domésticos. Esta triple condición de tradición, rechazo y redescubrimiento explica por qué, cada cierto tiempo, el debate sobre consumir carne de caballo reaparece, y también por qué rara vez se cierra del todo. 

Por todo ello, hablar de consumir carne de caballo debe hacerse desde el rigor. Es demasiado superficial y simple el apelar a recuerdos o reducir la cuestión a un simple “me gusta / no me gusta”. Como argumentos a favor, podemos esgrimir que igual que hablamos de carne de ternera, hablamos de carne de potro, no de carne de caballo (y, por tanto, carne más tierna), como también hay que abordar el tema de la trazabilidad cárnica, de cómo la crianza de los potros suele estar relacionada con sistemas más extensivos y más respetuosos con el animal (el precio final, también superior, ayuda a que se den estas prácticas más respetuosas en el día a día de los animales), de las técnicas de cocción más adecuadas para esta carne, del perfil nutricional del caballo y, por supuesto, de ética alimentaria. Solo así se puede entender, o como mínimo, esbozar razones y argumentos de por qué esta carne que genera tantas reacciones encontradas puede ocupar —o no— un lugar en la cocina contemporánea. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Caballo o potro: una precisión necesaria 

En el lenguaje cotidiano se habla indistintamente de “carne de caballo”, pero en la práctica comercial y culinaria lo más habitual es encontrar en los comercios carne de potro, es decir, de ejemplares jóvenes. Esta distinción es importante, porque la carne de potro suele presentar fibras más finas, menor dureza inicial y tiene un comportamiento más agradecido en cocciones breves. 

La literatura técnica y la práctica carnicera tradicional —y en este caso pasa igual con las terneras— coinciden en señalar que la edad del animal influye decisivamente en la textura, el color y la percepción gustativa final que tiene el comensal. Por eso, buena parte del consumo actual se centra en potros y no en animales adultos. Esto tiene aún más sentido cuando estamos pensando en elaboraciones rápidas como carpaccios o unos filetes sellados en la plancha. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Perfil nutricional del caballo: datos y contexto 

La riqueza y composición nutricional de la carne de potro es uno de los grandes argumentos recurrentes a favor de su consumo. No hace falta andar diciendo que es una carne que hace milagros (basta ya de los superalimentos, que es un discurso dietéticamente maniqueo y algo engañoso). Los datos disponibles sobre la composición de esta carne de potro describen una carne rica en proteínas de alto valor biológico y, por lo general, con un contenido graso moderado, aunque como es lógico y pasa con casi todas las especies que consumimos, este varía según el corte y la alimentación del animal. 

Las bases de datos como la francesa CIQUAL (Agence nationale de sécurité sanitaire de l’alimentation) o la FAO recogen una composición de la carne equina con un perfil interesante en hierro y proteínas, comparable al de otras carnes rojas. Pero atención, esto no la convierte automáticamente en “más saludable” que otras opciones. 

Pero a la vez, la conclusión también es clara: la carne de caballo puede formar parte de una dieta equilibrada como cualquier otra carne roja. Eso sí, atendiendo a las recomendaciones de salud, siempre que su consumo sea ocasional y moderado. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Trazabilidad cárnica: la seguridad como premisa fundamental 

La percepción sobre la carne de caballo sufrió una sacudida en el año 2013, cuando hubo un escándalo europeo de productos etiquetados como vacuno que contenían carne equina. A partir de ese momento, la trazabilidad cárnica dejó de ser una cuestión técnica de especialistas y pasó formar parte de las preocupaciones ciudadanas. Así, en la Unión Europea, el Reglamento (CE) nº 178/2002 establece el marco general de la seguridad alimentaria y la obligación de trazabilidad denominada “un paso atrás, un paso adelante” donde cada operador debe saber de dónde procede un producto y a quién se lo entrega.  
 
En el caso del caballo, esta exigencia se volvió especialmente relevante debido al uso veterinario de ciertas sustancias que no están autorizadas para animales destinados al consumo humano. Por ejemplo, la fenilbutazona, un antiinflamatorio usado en equinos deportivos.  

De esta manera, la seguridad del consumo de carne de potro está garantizada siempre que lo hagamos a través de canales fiables, carnicerías serias con un etiquetado claro y conviene desconfiar de productos de origen dudoso.  

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Cómo se cocina la carne de caballo (y por qué exige cierto rigor técnico) 

En la práctica culinaria, la carne de caballo no admite improvisación y esto hemos de tenerlo claro: tratarla simplemente como si fuera ternera estándar suele conducir a un resultado seco y decepcionante.  

Maduración breve: ni cruda ni excesivamente madurada 

A diferencia de ciertas carnes de vacuno que sí admiten maduraciones largas, la carne equina suele beneficiarse de la maduración corta y controlada, esto mejora su terneza y no compromete su perfil sensorial —su sabor, su textura, sus aromas—. Existen varios estudios al respecto, pero las conclusiones son claras: una maduración breve ayuda, una excesiva suele jugar en contra. 

Sellado intenso: dorar de verdad 

Entre tú y yo: existe un mito ya demostrado como erróneo que atribuye al sellado externo a conservar o encerrar los jugos. Esto es falso, pero en cambio sí que un sellado intenso nos permite desarrollar aromas, caramelizar proteínas y azúcares naturalmente presentes en la carne y crear un contraste de textura entre la superficie y el interior de las piezas. La carne de caballo agradece muchísimo un golpe de calor fuerte y rápido, especialmente cuando estamos cocinando los llamados cortes nobles. En eso se parece mucho al vacuno, porque así el interior no se sobrecocina y queda más jugoso.  

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Reposo de la carne: el gesto olvidado 

Tras el sellado, el reposo de la carne es fundamental, ya que permite que los jugos interiores se redistribuyan y así el bocado resulte más jugoso y equilibrado. Saltarse este paso es una de las causas más frecuentes de no triunfar cuando cocinemos carne equina en casa.  

En todo caso, con los distintos cortes de carne de caballo la lógica no difiere de la aplicada a otras carnes rojas: los cortes tiernos son aptos para cocciones rápidas (lomo, solomillo) y los cortes con más tejido conectivo son ideales para cocciones largas (falda, morcillo, cuello). Pero como hemos comentado, al ser una carne más magra, en el caso del caballo el margen de error es menor. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

3 recetas con cortes tiernos de caballo  

Algunas notas técnicas útiles para las recetas con cortes tiernos: 

Sellado intenso: sartén muy caliente y carne bien seca. 

Reposo de la carne: imprescindible (4–5 min) para mantener la jugosidad. 

Punto de cocción: mejor poco o al punto; una cocción excesiva seca el potro. 

Seguridad (carpaccio y platos que no tienen cocción al fuego): compra en establecimiento fiable, cadena de frío intacta y consumo inmediato. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Carpaccio de caballo con parmesano y alcaparras 

Por qué funciona: el corte noble, loncheado muy fino, muestra el sabor real de la carne; aliño mínimo y frío controlado. 

Ingredientes 

  • 1 solomillo de potro limpio 
  • Aceite de oliva virgen extra 
  • Zumo de limón recién exprimido 
  • 60 g de parmesano en lascas 
  • 20 g de alcaparras escurridas 
  • Sal fina al gusto 
  • Pimienta negra recién molida al gusto 

Elaboración 

Para facilitar un corte limpio y preciso, introduce el solomillo en el congelador durante unos 20–30 minutos, sin llegar a congelarlo. 

Sácalo y córtalo en láminas muy finas con un cuchillo largo y bien afilado o con cortafiambres. Dispón las lonchas en un plato frío formando una sola capa.  

Justo antes de servir, aliña con el aceite de oliva y el zumo de limón, reparte las lascas de parmesano y las alcaparras, y ajusta de sal y pimienta. Sirve de inmediato. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Solomillo de potro sellado con mantequilla y tomillo 

Por qué funciona: sellado intenso y reposo breve; interior jugoso sin secarse. 

Ingredientes 

  • 1 solomillo de potro entero (o 4 medallones de 200 g) 
  • 20 ml de aceite de oliva 
  • 40 g de mantequilla 
  • 5 g de tomillo fresco 
  • 2 dientes de ajo ligeramente chafados 
  • Sal fina al gusto 
  • Pimienta negra al gusto 

Elaboración 

Saca la carne del frigorífico con unos 20 minutos de antelación para que se atempere y sécala bien con papel.  

Calienta una sartén amplia hasta que esté bien caliente y añade el aceite. Sella el solomillo entero o los medallones durante uno o dos minutos por cada lado, en función del grosor, buscando un dorado intenso.  

Incorpora la mantequilla, el ajo y el tomillo y napa la carne durante unos segundos con la grasa espumosa.  

Retira del fuego, salpimenta y deja reposar la carne entre cuatro y cinco minutos antes de cortar y servir. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Medallones de lomo de potro con mostaza antigua y vino blanco  

Por qué funciona: corte noble, cocción corta; la reducción liga la salsa sin tapar el sabor. 

Ingredientes 

  • 1 lomo de potro en medallones (8 piezas de 100 g) 
  • Aceite de oliva 
  • 30 g de mostaza antigua 
  • 100 ml de vino blanco seco 
  • 50 ml de caldo suave (opcional) 
  • 20 g de mantequilla fría 
  • Sal fina al gusto 
  • Pimienta negra al gusto 

Elaboración 

Salpimenta los medallones y dóralos en una sartén bien caliente con el aceite durante aproximadamente un minuto y medio por cada lado. Retíralos y resérvalos en caliente.  

En la misma sartén, desglasa con el vino blanco, dejando que hierva suavemente hasta reducirlo a la mitad. Añade la mostaza y, si se desea, un poco de caldo para aligerar.  

Retira del fuego y emulsiona la salsa incorporando la mantequilla fría en dados. Devuelve los medallones a la sartén solo unos segundos para que se glaseen con la salsa y sirve inmediatamente. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

3 recetas de guisos de potro 

Algunas notas técnicas útiles para los cortes de cocción larga: 

Cortes con colágeno: morcillo, cuello y falda necesitan tiempo y calor suave. 

Braseado y estofado: dorado inicial + cocción húmeda prolongada. 

Reposo del guiso: fundamental para que la salsa se estabilice y gane profundidad. 

Mejora con el tiempo: estos platos suelen estar aún mejores al día siguiente. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Morcillo de potro estofado al vino tinto y verduras 

Por qué funciona: el morcillo es rico en colágeno; la cocción larga lo convierte en una carne melosa con salsa ligada de forma natural. 

Ingredientes 

  • 1,2 kg de morcillo de potro en trozos grandes 
  • 300 g de cebolla 
  • 200 g de zanahoria 
  • 150 g de puerro 
  • 3 dientes de ajo 
  • 40 ml de aceite de oliva virgen extra 
  • 500 ml de vino tinto 
  • 500 ml de caldo de carne suave 
  • 2 hojas de laurel 
  • 5 g de tomillo fresco 
  • Sal fina al gusto 
  • Pimienta negra al gusto 

Elaboración 

Salpimenta el morcillo y dóralo en una olla amplia de fondo grueso con el aceite bien caliente hasta que tome color por todas sus caras; retíralo y reserva.  

En la misma olla, baja ligeramente el fuego y sofríe la cebolla, la zanahoria y el puerro picados en trozos medianos hasta que estén bien pochados y empiecen a caramelizar.  

Añade el ajo picado, remueve brevemente y reincorpora la carne. Vierte el vino tinto, sube el fuego y deja reducir unos minutos para que se evapore el alcohol. Añade el caldo, el laurel y el tomillo, tapa parcialmente y cocina a fuego muy suave durante unas 2 horas y 30 minutos, hasta que la carne esté tierna y la salsa ligada.  

Apaga el fuego y deja reposar al menos 30 minutos antes de servir; al día siguiente estará aún mejor. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Guiso de cuello de potro con patatas chascadas 

Por qué funciona: el cuello tiene abundante tejido conectivo; la patata ayuda a espesar el guiso y aporta carácter popular. 

Ingredientes 

  • 1,3 kg de cuello de potro troceado 
  • 250 g de cebolla 
  • 120 g de pimiento verde 
  • 3 dientes de ajo 
  • 200 g de tomate triturado natural 
  • 40 ml de aceite de oliva virgen extra 
  • 800 g de patatas 
  • 900 ml de caldo de carne o agua 
  • 5 g de pimentón dulce 
  • 1 hoja de laurel 
  • Sal fina al gusto 
  • Pimienta negra al gusto 

Elaboración 

Salpimenta el cuello y dóralo en una cazuela amplia con el aceite caliente hasta que esté bien marcado; retira y reserva.  

En la misma grasa, sofríe la cebolla y el pimiento picados hasta que estén blandos y ligeramente dorados. Añade el ajo picado y el pimentón, remueve rápidamente y agrega el tomate triturado, dejando que se cocine hasta obtener un sofrito espeso.  

Incorpora de nuevo la carne, cubre con el caldo caliente y añade la hoja de laurel. Cocina a fuego suave durante 1 hora y 45 minutos.  

Pela las patatas, cháscalas en trozos medianos e incorpóralas al guiso, continuando la cocción otros 25–30 minutos, hasta que la patata esté tierna y la salsa trabada. Deja reposar 20–30 minutos antes de servir. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Falda de potro braseada con cebolla y cerveza negra 

Por qué funciona: la falda es sabrosa pero firme; el braseado prolongado la vuelve jugosa y la cebolla aporta dulzor natural. 

Ingredientes 

  • 1,2 kg de falda de potro en piezas grandes 
  • 600 g de cebolla 
  • 2 dientes de ajo 
  • 30 ml de aceite de oliva virgen extra 
  • 500 ml de cerveza negra 
  • 300 ml de caldo de carne suave 
  • 20 g de mostaza antigua (opcional) 
  • 2 hojas de laurel 
  • Sal fina al gusto 
  • Pimienta negra al gusto 

Elaboración 

Salpimenta la falda y dórela en una cazuela amplia con el aceite hasta que esté bien marcada por ambos lados; retira y reserva.  

En la misma cazuela, añade la cebolla cortada en juliana y cocínala a fuego medio-bajo hasta que esté muy blanda y ligeramente caramelizada. Incorpora el ajo picado, devuelve la carne a la cazuela y vierte la cerveza negra, dejando hervir unos minutos para reducir. 

Añade el caldo, el laurel y, si se desea, la mostaza. Tapa parcialmente y cocina a fuego muy suave durante 2 horas, girando la carne de vez en cuando, hasta que esté muy tierna.  

Retira la carne, deja reducir la salsa si es necesario y deja reposar el conjunto al menos 20 minutos antes de servir. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

Comentario final: ética alimentaria, una cuestión sin respuestas simples 

La ética alimentaria afecta de forma transversal a todo el debate sobre el consumo de caballo. Para muchas personas, el rechazo no es gastronómico ni nutricional, sino emocional y cultural. El caballo ha sido animal de trabajo, de compañía y símbolo histórico, y eso pesa. 

Desde una perspectiva ética, las preguntas clave no son solo “¿se puede comer?”, sino “¿cómo se cría?”, “¿cómo se sacrifica?”, “¿hay transparencia?”. En ese sentido, la coherencia es fundamental: exigir bienestar animal, trazabilidad y uso responsable es tan legítimo aquí como en cualquier otra especie. 

No se trata de convencer a nadie, sino de ofrecer información para que cada cual decida con conocimiento. 

Carne de caballo: tradición, tabú y tendencia

/ Relacionados.

Caja de Cerillas
Madrid
Española

Caja de Cerillas: un diminuto, y especialmente rico, bistró en Donoso Cortes

Pierogi ruskie
14 Febrero, 2026
Tapas y aperitivos

Pierogi ruskie

11 Febrero, 2026

Cocina catalana en Tarragona: selección esencial

/ Trending.

19 Febrero, 2026
Alimentos adaptógenos: qué son y por qué están entrando en la cocina saludable
Los alimentos adaptógenos como la ashwagandha, el reishi o el cordyceps están revolucionando la cocina saludable. En este artículo explicamos qué son, sus posibles beneficios, cómo integrarlos en la alimentación diaria y qué precauciones debes tener en cuenta antes de consumirlos.
17 Febrero, 2026
De los insectos al laboratorio: ¿qué futuro tienen las proteínas alternativas?
Las proteínas alternativas han pasado de idea futurista a ocupar un papel central en el debate alimentario. Insectos, fermentación o carne cultivada plantean nuevas formas de producir proteína, entre promesas de sostenibilidad, retos regulatorios y la decisiva aceptación del consumidor.
17 Febrero, 2026
Dulces japoneses: los 8 postres japoneses más populares
Los postres japoneses no se limitan a los omnipresentes mochis, con todas sus formas, sabores y rellenos, o los súper instagrameables taiyaki, esas tortitas rellenas en forma de pez. Por eso, nos adentramos en otro universo de dulces japoneses tradicionales, que tienen entre sus ingredientes principales productos poco habituales en nuestra repostería como la pasta de judías roja (anko), el agar-agar o la harina de arroz glutinoso.

Donde comer,
beber y divertirse.

  • Twitter
  • Facebook
  • Instagram
  • Home
  • Restaurantes
  • Recetas
  • Tendencias
  • Rincón del Chef
  • Top Lists
  • Agenda
  • Nuestro Equipo
  • Prensa
  • Enviar feedback
  • Sugerencias
©2026 Gastronosfera.com All rights reserved
  • Aviso legal
  • Política de privacidad
  • Política de cookies
  • Política RRSS
logo