Quien no lo ha probado le cuesta imaginar que de un animal tan joven se pueda conseguir una carne tan sabrosa, porque el cochinillo tiene menos de 21 días cuando es sacrificado, solo se ha alimentado de leche materna y con tan poco tiempo de vida, la grasa apenas se ha infiltrado en su carne, de color blanco nacarado o rosa pálido, tierna y jugosa y de sabor delicado.