Sara Reixach y Víctor Burgués fueron de los primeros en instalarse en el, cada vez más foodie, Passeig de Sant Joan barcelonés. Su intención era abrir una vermuteria moderna, con latas y conservas de toda la vida y platillos elaborados. Pero la ilusión por el proyecto y, especialmente la estructura y las grandes dimensiones del local, les abocaron a crear lo que ahora conocemos como ChichaLimoná, un restaurante que, en realidad, son dos.