Parte indispensable del paisaje culinario riojano, su bravura relega a la alegría, la guindilla autóctona, al papel de escudera. Está en todas las mesas, pero los recetarios la asimilan con cautela, dado su carácter picante.
Fue codiciada pieza de consumo en los zurrones de los pastores trashumantes y hoy se disfruta con igual entusiasmo acompañado de un buen vino. El chorizo riojano destaca en el amplio surtido español por su adaptación a la cocina (más allá del simple bocadillo) y sus virtudes organolépticas.
Barata, agradecida, versátil y saludable, así es la borraja, ejemplo palmario de que las apariencias engañan e incluso el rico refranero español conduce a equívoco cuando identifica su agua con algo de escasa o nula importancia. Las semillas, el tallo, las hojas y las flores de la reina de las borragináceas tienen muchas aplicaciones, gastronómicas y terapéuticas, y se disfrutan todo el año, pese a identificarse originalmente con el invierno.