Cuántos cocineros han lamentado el no haber tenido oportunidad de demostrar su verdadera valía por haber discurrido su carrera a las órdenes de otros chefs o inversores que les indicaban los pasos a seguir a pies juntillas. Los grilletes de la hostelería son sólidos, implacables, se cierran con las llaves del escandallo, la rentabilidad y la inmediata respuesta del ‘público’, y aprietan con especial saña a los profesionales más creativos, aquellos que sueñan, sin llegar a alcanzar su deseo, con poder mostrar a los cuatro vientos sus sabrosas creaciones. El mundo se lo pierde.