Rabas, así llaman a las confortantes tiras de cefalópodo rebozadas y fritas que se despachan por toneladas cada fin de semana, a la hora del aperitivo, en los bares y restaurantes de Bizkaia. A ser posible, doradas, crujientes y bien desengrasadas.
La frase ya está muy manida y en el fondo no expresa más que una perogrullada, pero en ocasiones viene bien desempolvarla y situarla en el escaparate: “No existe modernidad sin una buena tradición”. Los responsables del restaurante Ergo, penúltima sensación de Miranda de Ebro (Burgos), son conscientes de ello y por eso se alinean junto a referentes como Ferran Adrià cuando destacan esas siete palabras en la página web de su negocio.
El Valle Salado de Añana, en Álava, lleva miles de años produciendo una sal que hoy es muy apreciada por los chefs más prestigiosos, debido a su intensidad y su historia. Aún se produce, por extracción y evaporación natural, en estructuras de piedra, madera y arcilla heredadas de los romanos.