Hoy, aprovechando que hemos sido como siempre muy malos durante el año, y que sus Majestades los reyes de Oriente no han tenido otro remedio que, como cada año, volver a ensuciarse las manos cuando me trajeron mi regalo he decidido dejar salir a teclear mi yo de fília cientifista y hablar un poco del carbón. Este carbono que nunca será diamante y que sucio, negro y delator nos señala rápidamente a aquellos que le ponen la zarpa encima. Qué poco glamour, ¿no?