La pizza nació en Nápoles. Y desde allí se extendió al resto de Italia y luego al mundo, hasta convertirse en una de las elaboraciones más populares en todo el planeta. Hay que diferenciar entre la genuina napolitana, de masa gruesa y esponjosa como la de un buen pan, con el borde realzado un par de centímetros, ligeramente dorado, y la romana, que se prepara también en todo el norte del país, que tiene una masa muy fina y crujiente.