El ser humano presume de ser el animal más inteligente de la Creación, el único capaz de someter al resto y de crear y desarrollar un arte coquinario que, efectivamente, le distingue de los demás moradores del planeta Tierra; y así seguirá siendo al menos hasta que alguien descubra a un leopardo cocinando una gacela thompson antes de hincarle el diente. Pues bien, resulta que ese hombre (y esa mujer) es también un animal de costumbres y una víctima propiciatoria de las modas.