Ideados en 1968, estos dulces tradicionales son una de las especialidades de la centenaria pastelería vasca Egaña, situada en la localidad de Azpeitia, cuna de San Ignacio de Loyola. De ahí su nombre, en claro homenaje al santo guipuzcoano. Su exitosa fórmula es todo un secreto familiar, aunque actualmente existen otras pastelerías que también los elaboran y comercializan.