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La fábrica del Hielo
Ocio  

La Fábrica de Hielo de Valencia aúna cultura y gastronomía

Inboga 29/03/2016

La historia de este espacio emana de sus 4 paredes. La antigua Fábrica de hielo del barrio de El Cabanyal en Valencia y que también da nombre al lugar, se ha transformado en espacio cultural, gastronómico y artístico. O, mejor dicho, su uso industrial ha dado paso a un uso cultural, de ocio y restauración manteniendo la esencia histórica que se puede apreciar en cada rincón.

Su utilidad inicial estaba destinada al almacén de aperos de los barcos de pesca de los marineros del Cabanyal y a la producción del hielo necesario para el negocio del pescado del que hace años se mantenía el barrio marinero por su proximidad al Puerto de Valencia. En los años 50 sufrió una transformación dando paso a una fábrica de talleres navales. De hecho, todavía se puede observar alguna herencia de esa época.

Tras años de inactividad, esta iniciativa privada parte de unos enamorados de las artes que fundaron la Asociación El Hielo, para conseguir que la Fábrica recobrara su vitalidad actualizando su presencia de una forma distinta a la que tenía acostumbrados a sus clientes, pero a la vez con la aspiración de volver a convertirse en uno de los motores de su entorno.

Este enclave, situado a orillas de la playa, ha dado un vuelco a su historia y es frecuentado por un público ávido de inquietudes culturales diferentes, más próximas a la actividad que en este sentido se puede encontrar en ciudades europeas como Berlín, Hamburgo o Rotterdam. “Si has viajado por Europa, te das cuenta de la necesidad de contar con un espacio de estas características donde se dé cabida y promoción a distintas formas de manifestación artística bajo un nexo común: enriquecernos personalmente”, afirman desde la Asociación El Hielo, gestora del espacio.

La oferta de La Fábrica de Hielo es muy variada y ambiciosa a medio plazo. Tanto es así, que ya se ha ganado el interés de artistas, músicos e intelectuales que han presentado propuestas para que sus creaciones tengan cabida en este contenedor cultural. Los vecinos están expectantes e ilusionados ante la iniciativa de la Asociación Cultural El Hielo por haber rescatado y dotado de carácter a este emblema de El Cabanyal. A esta oferta actual se añaden aulas para impartir clases de diferentes disciplinas como idiomas, cine o documental social y próximamente se quiere dar vida en la parte superior a nuevas aulas y un espacio de trabajo donde poder llevar a cabo sinergias profesionales.

El 31 de marzo tendrá lugar el pistoletazo de salida del Glaç Phònic, el primer ciclo musical en la Fábrica de Hielo, en el que participarán 4 big bands y se fusionará el jazz, el funk o el soul con el pop más melódico. Además, durante el mes de mayo (del 5 al 15) esta infraestructura será sede del Cabanyal Íntim, una aventura teatral pionera, nacida en 2011, cuyo objetivo es reivindicar y preservar el patrimonio histórico del barrio, llevando las artes escénicas al interior de casas particulares. Pero este no es el único festival del que es sede próximamente esta infraestructura cultural ya que durante el 16 y 17 de mayo lo será del VESOS, Valencia Escena Sostenible, un festival de puertas abiertas que gira en torno a la cultura, la sostenibilidad y la gastronomía.

Exposiciones, música en vivo, proyecciones, presentaciones de libros e incluso un cabaret que son alternativas perfectas para “maridar” con alguna de las conservas de Portugal o Galicia que son compradas en el Mercado Central de Valencia. Latas, con un llamativo y cuidado diseño retro, que han conseguido actualizar un producto de muy buena calidad convirtiéndolo en un bocado gourmet. De hecho, las empresas con las que se trabaja desde la Fábrica de Hielo como Minerva, A Churrusquiña o La Góndola, llevan a cabo un proceso de producción artesanal y ecológico basado en la pesca sostenible que garantiza la frescura del pescado utilizado. Una alternativa al pescado fresco, muy sana, que a corto plazo se pretende completar con una carta gastronómica basada en el tapeo y el producto de la tierra para poner la guinda a este original proyecto.

Con un aforo importante y una decoración con personalidad, la transformación realizada dota al lugar de una imagen ecléctica donde es fácil que cada uno encuentre su sitio pero eso sí, manteniendo la esencia de lo que fue. Sillones y sofás de skay, lámparas de la década de los 50, puertas y bobinas de hilo transformadas en mesas y detalles que nos trasladan a épocas pasadas.

Porque, aunque parezca que la decoración está hecha al azar, está estudiada y mucho. De hecho, los miembros de la asociación han hecho kilómetros para conseguir algunas de las piezas de las que se enamoraron y que quisieron conseguir a toda costa. Todos ellos, elementos que dan lugar a estancias cálidas de aire industrial que contrastan con aquella época “gélida”, cuando los pescadores de la zona atravesaban sus puertas para ver cómo en su interior se troceaba el hielo.

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