Las vistas no dejan de acompañarnos durante todo el trayecto hasta llegar a este enclave único en pleno pulmón verde de Barcelona. Llegamos al Mirador de Can Cases, a tan sólo unos kilómetros de Sant Cugat, y uno ya no quiere moverse de allí. Es la combinación de la panorámica desde lo alto de Collserola, del solecito que alegra la terraza exterior, de la música en vivo que acompaña esos vermús con los que parece que ya has comido, esa carne a la brasa que merece un viaje, la calidez de la chimenea encendida.