La cristalera de la entrada ya hace que muchos paseantes se detengan ante el Manduca. La decoración que va cambiando Romina, con tiestos de flores o con lo que más se adapte según la temporada, ya indica que en este restaurante las cosas se hacen con mucho cariño. Uno ve enseguida que la decoración, que combina muebles restaurados, con máquinas de escribir Olivetti o sifones antiguos, tiene personalidad sin olvidarse de ser acogedora.