Los bares más modernos de Gracia: copas, tapas y buen ambiente
Barcelona vive un momento gastronómico en el que la informalidad ya no está reñida con el producto, el diseño ni la ambición. Solo hay que salir a la calle —eso sí, huyendo de las grandes cadenas y los locales captadores de turistas— para ver que nuestra ciudad está cada vez más enfocada en volver a los orígenes culinarios. Los restaurantes empiezan a optar por estilos de antiguas bodegas clásicas, barras tradicionales, decoraciones de barriles y suelos que evocan ese pasado catalán modernista. Por ello, cada vez aparecen más bares, casas de comidas y pequeños restaurantes que no buscan parecerse al restaurante clásico, pero tampoco se conforman con ser simples lugares de paso: apuestan por cartas breves, identidad propia, buen pan, buena música, interiorismo cuidado y platos pensados para disfrutarse sin solemnidad; volviendo a la comida de siempre —justo cuando parecía a punto de perderse—.
En esta ruta reunimos algunos locales con personalidad propia, proyectos que reivindican maneras distintas de comer y beber en la ciudad: desde bocadillos catalanes hechos con pan de masa madre y embutidos artesanos hasta una cocina inspirada en los años setenta, pasando por un bar creativo que mezcla arte, cócteles, música Hi-Fi y focaccias rellenas. Una selección para descubrir direcciones con alma, discurso y algo que contar más allá del plato.
Bar Massagran: el bar de siempre, puesto al día
El Bar Massagran abrió sus puertas hace poco más de un año en Travessera de Gràcia, 210, y en este tiempo ha conseguido integrarse en la vida cotidiana del barrio. Su propuesta parte de una idea sencilla: recuperar el espíritu del bar de siempre, ese lugar al que se va después del trabajo a tomar unas cañas, donde el vermut del mediodía casi funciona como ritual y donde siempre hay una tapa reconocible con la que acompañarlo.
Según explica Jordi, responsable de Bar Massagran, la idea es “crear un espacio cercano, accesible y auténtico donde vecinos, amigos y visitantes puedan reunirse en torno a una buena bebida y una tapa de calidad”. Esa vocación de bar de barrio se percibe tanto en su terraza como en el interior, un espacio con mucha personalidad diseñado por Berta Fernández Aisa, que ha sabido transmitir la fuerza de la sencillez y de lo auténtico. La carta se apoya en tapas tradicionales bien ejecutadas, sin artificios innecesarios: ensaladilla rusa, tortilla de patatas, croquetas, embutidos, gildas o berberechos. A mediodía, el aperitivo cobra especial protagonismo con vermut, platos para compartir y una atmósfera animada que resume muy bien el carácter del local.
Uno de los pilares de Massagran es ofrecer buena calidad a precios populares. “La idea es clara: democratizar el buen producto y hacer que comer bien no sea un lujo, sino algo cotidiano”, afirma Jordi. Esa filosofía ha conectado con una clientela fiel que valora tanto el producto como el ambiente cercano y sin pretensiones.
Entre todos sus platos, la tortilla de patatas se ha ganado un lugar especial. Jugosa, equilibrada y hecha con mimo, representa la esencia del Massagran: tradición, sencillez y respeto por el producto. Además, el bar también se ha hecho conocido por su cartel de Cafè per empotrar, una crítica con humor a la idea de que tomar un buen café en Gràcia no debería obligar a pedir una hipoteca. Aquí el café es de calidad y a precios populares.
Bar l’Amistat: memoria viva de Gràcia
Ubicado en la calle Torrijos, 13, en pleno corazón de Gràcia, el Bar l’Amistat es uno de esos locales que forman parte de la memoria viva del barrio. Fundado hace casi 80 años, ha sido durante décadas un punto de encuentro para varias generaciones y mantiene ese enfoque claro de bar de barrio donde el trato y la sensación de comodidad importan tanto como lo que llega a la mesa.
Según cuenta Jordi, responsable de Bar l’Amistat (y mismo dueño del Massagran), el local quiere preservar “la importancia de mantener vivas las raíces, el buen trato, la comodidad y ser un lugar de encuentro”. Esa idea se refleja especialmente en el equipo, amable, profesional, cercano y acogedor, que se ha convertido en una parte clave de la experiencia. El espacio cuenta con dos salas grandes: la principal conserva la volta catalana clásica en el techo, una barra tradicional y varias mesas, mientras que la sala interior resulta ideal para grupos que buscan un rincón más recogido sin perder la atmósfera del bar.
La propuesta gastronómica de l’Amistat se mueve entre dos mundos que conviven con naturalidad. Por un lado, los platillos clásicos y los aperitivos que forman parte del imaginario colectivo; por otro, los platos del día, elaborados con productos del mercado de la Abacería, situado justo al lado. “La recomendación es clara: dejarse llevar por los platos del día que reflejan el pulso semanal del bar y del barrio”, afirma Jordi.
Entre sus platos más destacados se encuentran la tortilla de patatas, las croquetas de carn d’olla y las tablas de quesos. Todo con precios populares, pensados para mantener esa esencia de bar de barrio que, en una ciudad en constante cambio, funciona casi como una forma de resistencia cotidiana.
Casa Platos: espíritu Hi-Fi, técnica japonesa y cocina mediterránea
Casa Platos abrió el 12 de mayo con una propuesta poco habitual en Barcelona: un local de inspiración Hi-Fi, influido por los listening bars nacidos en Japón, pero alejado de los tópicos más previsibles de la cocina japonesa. Aquí el punto de partida está en la música, los vinilos, los altavoces y la estética del espacio, pero la prioridad sigue siendo clara: que se coma y se beba bien.
Según explica Ot, responsable de Casa Platos, “nos apetecía mucho montar un local Hi-Fi” porque en Barcelona este tipo de concepto todavía no está demasiado explotado. A partir de esa idea, el restaurante trabaja con técnicas y productos japoneses aplicados a una mirada mediterránea, y también al revés: recursos mediterráneos reinterpretados desde códigos japoneses.
El proyecto nace de los propietarios de Manda Huevos y cuenta con un equipo de cocina muy implicado, liderado por un jefe de cocina que venía de tener negocio propio en Madrid. “Lo importante, aparte de ser un local Hi-Fi, es que se coma y se beba bien, esa es la prioridad”, afirma Ot.
La carta resulta particular, tanto por los platos como por el modo en que convive con la coctelería. En Casa Platos se puede cenar con cócteles de autor, algo que, según explican desde el local, tampoco es tan habitual en Barcelona. La propuesta líquida incluye coctelería premium, carta de sakes y whiskies japoneses, de manera que el local funciona tanto para cenar como para tomar algo y acompañarlo con platos de calidad.
Entre los imprescindibles aparece el Wellington de pichón, marinado en shiokoji y acompañado de una duxelle elaborada con sus interiores, a modo de parfait, además de foie gras. “Lo más importante aquí es la marinada del shiokoji, que hace que el pichón esté superblando y muy gustoso”, explica Ot.
Otro de los platos más representativos es la marbonara de calamar crudo, una reinterpretación marina de la carbonara. La preparan con falsos tallarines de calamar y, con las patas y las aletas sobrantes, elaboran una salsa tipo pil-pil con un toque de jamón ibérico. Después rematan el plato con anguila ahumada para reforzar su carácter marino.
Pamb: bocadillos catalanes con golpe en la mesa
Pamb nace con la voluntad de ofrecer en Barcelona una propuesta local de bocadillos de calidad, elaborados con ingredientes catalanes, de proximidad, de mercado y de producción artesanal. Su filosofía pasa por reivindicar el bocadillo como algo más que un recurso rápido: aquí el pan, el relleno y el origen de cada ingrediente forman parte del concepto.
Según explica Nico, responsable de Pamb, la idea es “ofrecer a la gente de Barcelona una opción local de bocadillos de calidad, hechos con ingredientes siempre catalanes y de proximidad”. Para ello trabajan con panes de masa madre y larga fermentación, como los de Sucal o el pan de coca de La Nevateria, en la Garrotxa, además de embutidos artesanos de Coromines, productores que crían sus propios cerdos y elaboran sin conservantes ni aditivos.
Uno de los conceptos más singulares de la casa son sus “bocadillos de forquilla”, una idea propia que reinterpreta la clotxa, ese pan tradicional del Delta de l’Ebre que se vacía y se rellena. En Pamb hacen algo parecido con panes de larga fermentación, pero introduciendo dentro recetas de cocina catalana como mandonguilles, calamares con cebolla, pollo asado, escalivada, cap i pota o, próximamente, galta de cerdo.
“Queremos modernizar la artesanía y darle esta capa de urbanidad y cosmopolitismo”, afirma Nico. La intención, explica, es competir con propuestas llegadas de fuera —paninis, focaccias o empanadas argentinas—, pero desde el producto local y artesano. “La palabra es autenticidad. Lo que queremos hacer es auténtico”, resume.
En su carta también hay bikinis, elaborados con pan de masa madre, pan de payés DOP con tomate de penjar y embutidos de calidad, además de tostadas y planchados. Entre los bocados más sorprendentes destacan los planchados de forner, preparados con coca dulce de panadero, que al calentarse carameliza el azúcar y crea contraste con rellenos como butifarra de perol, sobrasada o una butifarra medieval de receta recuperada.
Para Pamb, el objetivo es claro: poner en valor una forma catalana de comer pan con cosas, pero con una imagen contemporánea. O, como ellos mismos lo definen, crear una marca alrededor de “lo auténtico, lo próximo y lo nuestro”.
Piropo: cocina setentera, vinilos y libertad en Gràcia
Piropo abrió a principios de año como un proyecto vinculado a Santa Magdalena, otro local cercano centrado en la cocina catalana clásica. La idea, sin embargo, era construir un espacio distinto: menos rígido, más libre y con una personalidad propia, apoyada en la música de vinilo, una carta breve pero muy pensada y una oferta sólida de vinos, cervezas y quesos.
Detrás del proyecto está Quim Marquès, junto a su familia: su hermana y su hija, Marieta Marquès. El local, situado en Gràcia, concede mucha importancia al interiorismo y a la atmósfera. “Lo que intentamos es que el local tenga mucha alma, y la música, la decoración, la paz que se vive y la cocina vayan de la mano”, afirma Quim.
La cocina de Piropo parte de platos de los años setenta, pero llevados al presente. No se trata de una reproducción nostálgica, sino de recuperar referencias reconocibles y actualizarlas con una mirada más lúdica. “Nos basamos en una cocina de platos de los años 70, en muchos casos, pero puestos al día”, cuenta Quim, que define el restaurante como “muy artesanal, pero muy divertido, muy jovial y muy simpático”.
Entre los platos estrella destaca una tortilla líquida, una espuma de tortilla de patatas acompañada con toppings de butifarra negra. También funciona especialmente bien el cóctel de gambas clásico, recuperado con espíritu setentero, además de una ensaladilla de pollo a l’ast.
El apartado dulce mantiene ese mismo juego con la memoria popular. Uno de los postres más llamativos es su versión del Drácula, inspirado en el mítico helado de Frigo de los años setenta, que convierten en un pastel hecho al momento con base de vainilla, espuma de Coca-Cola, petazetas y mermelada de fresas.
Piropo se mueve entre la nostalgia, el humor y el producto, con una propuesta que busca ser reconocible sin caer en lo previsible. Un restaurante pequeño, con cocina muy trabajada y una puesta en escena que forma parte de la experiencia tanto como los platos.
The Fantastic Yellow Dragon: arte, focaccias y cócteles en clave Hi-Fi
The Fantastic Yellow Dragon acaba de abrir en el carrer del Planeta, 41, en Gràcia, muy cerca de la plaza del Sol. Detrás están Félix y su esposa, Carla, que han unido dos ideas que llevaban tiempo rondando: una galería de arte y un bar. El resultado es lo que ellos definen como un Hi-Fi Creative Bar, un espacio pequeño, cuidado y pensado para ofrecer una experiencia más amplia que la puramente gastronómica.
“Queremos que la gente viva una experiencia multisensorial”, cuenta Félix. La propuesta combina exposiciones de arte, música escuchada a través de un equipo Hi-Fi, cócteles, mocktails y una carta breve de tapas de inspiración italiana y mediterránea. La intención es que el cliente pueda comer o beber algo mientras disfruta de una exposición, escucha música con buena calidad de sonido y recibe una atención cercana.
La cocina se apoya sobre todo en focaccias rellenas, que son el gran plato de la casa. Entre ellas está la McPiggy, con cerdo, burrata, rúcula y pesto rosso; la Lady Green, una opción vegetariana con calabacín; la Morticia, con mortadela; y la Olivetti, con olivada y pimiento rojo. “Las focaccias rellenas son un éxito. Todo el que las ha probado ha alucinado con ese plato”, afirma Félix.
Para quienes quieran algo más ligero, también ofrecen bastones de focaccia: tiras finas que quedan crujientes por los cuatro lados y se sirven con parmesano, aceite de oliva y pimienta. Otro de los platos más pedidos son los corazones de alcachofa asados a la brasa, aliñados con aceite y especias.
La carta líquida acompaña el concepto con unas 15 reinterpretaciones de cócteles clásicos y una decena de mocktails, una alternativa sin alcohol pensada para quienes quieren tomar algo elaborado sin recurrir a la coctelería tradicional. “The Fantastic Yellow Dragon busca ser un espacio donde la gente pueda desconectar un poco del ruido del mundo y conectarse con la música, el arte, la coctelería y pocas tapas, pero muy bien escogidas”, resume Félix.
Además, el local irá rotando exposiciones y organizando eventos musicales, reforzando esa idea de bar como punto de encuentro creativo. Una dirección para quienes buscan algo más que una copa o una tapa rápida: aquí la experiencia está en la suma de ambiente, sonido, arte y cocina.
Gràcia, el barrio donde el bar vuelve a tener protagonismo
La transformación gastronómica de Gràcia demuestra que la renovación puede surgir sin renunciar a la identidad del barrio. Entre barras recuperadas, bocadillos elaborados con producto local, propuestas creativas y espacios donde la música o el arte forman parte de la experiencia, estos locales comparten una misma voluntad de crear lugares con personalidad. Más allá de la comida o la bebida, ofrecen una forma de entender el bar como punto de encuentro cotidiano, donde el ambiente resulta tan importante como la carta.