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La harina de Xeixa

Los trigos antiguos, como el de xeixa, han estado a punto de desaparecer a raíz de la aparición de los modernos. El motivo es sencillo: estos últimos, también llamados industriales, se diseñaron para ser más productivos. 

La historia del pan es larga y compleja, y como todas las grandes historias tiene sus momentos álgidos y sus grandes hitos. Hoy traemos algunos de los mejores momentos del pan, desde la masa madre egipcia hasta los panaderos contratados por Napoleón.

Bonaparte - Mercat Vell de Sant Cugat

En Bonaparte, una de las paradas del Mercat Vell de Sant Cugat (Barcelona), podemos degustar y comprar pan, bollería y pasteles artesanos. Cada pieza está elaborada a mano por sus maestros panaderos, sin prisas y con ingredientes de proximidad y máxima calidad. Solo hay que acercarse a su obrador, ubicado en la planta baja del mercado, para comprobarlo.

Bagel

Muy popular en otros países como Estados Unidos, Reino Unido o Canadá, la fiebre del bagel aterriza en nuestro país a golpe de originalidad y sobre todo mucho sabor.

Lamentablemente nuestro actual y muy ajetreado estilo de vida ha conseguido centrifugar el buen pan de la dieta –es decir, de la misma vida– de gran parte de la población. Llegó un momento en que en gran parte del país las baguettes resucitadas del hielo y recalentadas en gasolinera o centro comercial estaban sepultando la bella tradición del pan bien hecho.

La importancia del pan en la dieta occidental es tan grande que ha llegado a ser argumento (¿real o inventado?) importante en eventos que sacudieron los pilares de la sociedad como la Revolución Francesa. La mala cosecha de trigo en Francia el año 1789 había disparado el precio del pan y la hambruna amenazaba a la población.

El maestro panadero Daniel Jordà me cita en su obrador un domingo vencido ya el mediodía. Al llegar lo encuentro pasando la fregona en un espacio que sorprende por su inhabitual silencio y quietud. Cada domingo desde hace diez años acude a su cita de las 10 para que el lunes a primera hora los panes fluyan y los clientes sonrían.

 Si estuviéramos en un concurso y nos preguntaran el alimento mas consumido en el mundo, muchos responderíamos el pan. Perderíamos el dinero del concurso, ya que la respuesta correcta es el arroz, pero el pan es el alimento que a muchos nos viene a la cabeza como el amigo que desde siempre está ahí haciéndote compañía desde que nacemos. ¿Quién no recuerda ir a la panadería con el bebé y darle el "currusco" para que vaya mordisqueándolo?

El post que publicó Òscar Gómez el pasado 14 de enero en este mismo lugar, me hizo pensar en una película que vi hace muchos años con mi padre en el desaparecido cine Roma en Barcelona, antes de que terminara convertido en sala X y poco antes de su cierre definitivo.

Pedir un bollo siempre anticipa un momento de comunión con la masa, la práctica de un rito antiquísimo y profundamente carnal, un gozo supremo. El bollo es, por definición, una pieza pequeña, a menudo concebida para el consumo individual y el placer egoísta. Te compras un bollo para ti y no lo vas a compartir, vas a disfrutar en solitario del placer inigualable que es capaz de proporcionarte. Ya sea un bollo de mantequilla en Bilbao, o un kardemummabulle en Uppsala.

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