Los mejores restaurantes de Tarragona, de la Costa Daurada al interior
Comer bien en Tarragona no tiene una única dirección. Se puede empezar el día con vistas al Mediterráneo en Altafulla y terminarlo entre viñedos del Alt Camp, o descubrir la alta cocina de un chef con estrella Michelin en el Priorat antes de rendirse a una paella frente al mar en Sant Salvador. La provincia reúne una geografía tan variada como su oferta gastronómica: litoral, interior vinícola y montaña se traducen en cocinas muy distintas entre sí, unidas por el mismo compromiso con el producto de proximidad y la tradición catalana.
Esta diversidad convierte a Tarragona en un destino gastronómico que va mucho más allá de la temporada de playa. Restaurantes familiares con décadas de historia conviven con proyectos que han sabido incorporar tecnología a la cocina tradicional, y los reconocimientos llegan tanto a establecimientos con generaciones de trayectoria como a chefs jóvenes que empiezan a dejar su huella. Reunimos cuatro restaurantes recomendados en Tarragona que, juntos, trazan un mapa de la provincia a través de sus fogones.
Maritime Beach Club Altafulla
En el edificio del Club Marítimo de Altafulla, este restaurante aplica el recetario mediterráneo a una cocina de mercado que cuida tanto el producto del mar como el de la tierra. Casi todo el pescado procede de la lonja de Tarragona, y eso se nota en platos como la fritura de pescado o el rodaballo a la brasa con verduras de proximidad.
Los arroces son el gran reclamo de la carta: el de bogavante, la paella marinera, el meloso de cigalas o el arroz negro conviven con una fideuà elaborada con sepia. Con capacidad para 70 comensales y abierto tanto a socios del club como al público general, su terraza en primera línea de playa organiza sesiones de tardeo los jueves, viernes y sábados, el momento perfecto para comer con vistas al mar en la Costa Daurada.
Coll de Nulles
En plena comarca del Alt Camp, este restaurante familiar se levanta sobre una bodega de cava rodeada de viñedos, un paisaje que muchos clientes bautizan como la Toscana catalana. Su especialidad es la cocina catalana actualizada, la brasa y, sobre todo, la calçotada tradicional, con calçots de distintivo IGP cocidos al fuego de los propios sarmientos y acompañados de una salsa artesanal apta para celíacos.
Más allá de la temporada del calçot, la carta ofrece platos como el canelón de pato con bechamel de trufa, los pies de cerdo a la cazuela con panceta y setas o el solomillo de ternera con foie y salsa de oporto. El restaurante distingue entre el Coll de Dia, pensado para comidas tradicionales, y el Coll de Nit, con una propuesta nocturna más desenfadada para compartir.
Quatre Molins
En Cornudella de Montsant, el chef Rafel Muria ha conseguido su primera estrella Michelin al frente de una cocina que combina las bases mediterráneas con la disciplina aprendida junto a Michel Bras en Francia. Sus dos menús cerrados, Degustació y Espectacle, se construyen con producto de temporada adquirido directamente al proveedor, con especial protagonismo para los sabores del Delta de l'Ebre.
Platos como la "Fricassé" de mollejas con rebozuelos o el Royal de sangatxo de atún con compota de pera (reconocido con 100 puntos de Martín Berasategui) conviven con elaboraciones que reivindican el territorio del Priorat, como el pescado llissa o los aperitivos de anguila y langostino.
El Casinet
Frente al mar, en Sant Salvador, El Casinet ha convertido la paella en una declaración de identidad. Con hasta 600 comensales diarios y entre 11 y 12 variedades de paella disponibles en cada temporada, el restaurante apostó hace años por Mimcook, un paellero de alta precisión que garantiza resultados idénticos en cada elaboración, un sistema que ya exportan a 18 restaurantes de todo el mundo, incluido el Arròs QD de Quique Dacosta en Londres.
Entre sus propuestas más singulares destacan la paella de pulpo con papada cocinada a baja temperatura, butifarra del Perol y trompetas de la muerte, o la de foie con setas. El edificio, construido en 1780, suma 3.000 metros cuadrados de jardín y terraza junto al mar, y conserva el clásico carro de postres como colofón de la comida.