Nueve de la noche, aledaños de un supermercado en Madrid, Barcelona, Berlín o Nueva York, el comando cargado con bolsas y carros manufacturados comienza la búsqueda de su particular tesoro en contenedores y cubos de basura. Se cruzan con los indigentes y personas sin hogar que la crisis ha multiplicado sin piedad, sus compañeros de caza. La diferencia es que a los componentes de esta banda silenciosa no les falta casa, ni en muchos casos un salario con el que comprar comida pasando por caja.