En sus primeros meses de vida, el restaurante Collonut ya consiguió una clientela fiel por la calidad de sus embutidos y quesos, por su bikini trufado con mortadela de Bolonia, por las más de 70 referencias de vinos que hay en sus estanterías y por aquel ambiente de vermutería de barrio clásica y tradicional que hace que nos sintamos como en casa.