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De Mercado. Betlem.
Carrer de Girona, 70 Barcelona. Tel: 932 65 51 05

Betlem, un bar de tapas gourmet

Laia Antúnez05/01/2018

En el antiguo colmado de sus tíos, el chef Víctor Ferrer abrió hace unos años el bar de tapas Betlem. En su carta, que cuenta con muchos adeptos, encontramos recetas de bar de toda la vida y platillos de temporada, además de tortillas y bocadillos, que responden a dos claros objetivos: primar el producto de calidad y mantener el espíritu del local y de la familia.

Víctor Ferrer era un enamorado del colmado que sus tíos abrieron en el año 1961, en la calle Girona de la Ciudad Condal. Estos trasladaron su afición por la gastronomía a la tienda, ofreciendo productos y alimentos de calidad que no se encontraban en todos los colmados tradicionales. "Recuerdo que en aquella época ya tenían una veintena de especialidades de cerveza y más de cuarenta tipos de quesos. Siempre que los visitaba me quedaba fascinado, para mí era como la cueva de Alí Babá, con mil referencias de productos", dice Ferrer. 

Por eso, cuando decidieron jubilarse, Ferrer sintió que no podía perder ese local por el que tenía tanta estima. Ya se había formado como chef en Francia y en nuestro país, así que abandonó su Madrid natal, se trasladó a Barcelona y se hizo cargo del colmado familiar. Primero como tienda gourmet, a la que posteriormente añadió una cocina en la que elaboraba catering y comida para llevar. Eso le funcionó y en 2011, junto con un amigo de la infancia y ahora socio, apostó por convertirlo todo en un bar: el Betlem.

De toda la vida

Ferrer insiste en que, aunque muchos lo han etiquetado así, el Betlem no es un gastrobar. "Odio esa definición. Esto es un bar de toda la vida, en el que desayunas, te tomas una cerveza o una copa, te comes un bocadillo o te pegas un festival de tapas", comenta. Un bar, añadimos nosotros, con una propuesta gastronómica basada en ofrecer platillos desenfadados pero elaborados con productos de máxima calidad.  

En su carta, encontramos propuestas habituales en un bar de tapas como las patatas bravas arromescadas, los calamares a la andaluza o la papada crujiente, siempre con su particular plus de excelencia. Tampoco faltan las tablas de quesos y embutidos, algunos de ellos con sabores bien conocidos por los vecinos del barrio ya que Ferrer sigue comprándolos a los mismos proveedores que ya trabajaban con sus tíos hace más de veinte años.

La carta es fija y ha ido creciendo gracias a las sugerencias, que varían en función de la temporada y del mercado. Así pues, conviene fijarse en las pizarras del Betlem y apostar por propuestas como su pulpo a la brasa con escalibada -el año pasado sirvieron 11.000 raciones solo de este plato-, la coca de sardinas o la pluma ibérica con patata enmascarada. Algunas de estas sugerencias ya se han convertido en clásicos que permanecen por petición de la clientela.

Pequeños homenajes

Otra propuesta estrella: las tortillas. Ofrecen cuatro jugosas especialidades, que van rotando según la temporada. La de alcachofa y jamón serrano o la de ceps y butifarra negra son quizás las más demandadas. Las tortillas también tienen su historia ya que son un pequeño homenaje que Ferrer hace a su tía quien, a pesar de no tener licencia para cocinar, preparaba diferentes tipos de tortillas que después servía de manera clandestina en el mostrador del colmado. Lo mismo sucede con los bocadillos. Dice Ferrer, que el de arengada despertaba pasiones.

El último guiño que encontramos al bar de toda la vida son los combis, una suerte de plato combinado llevado a otro nivel: de pescado, ecológico (pollo de payés con verduras de temporada), vegetariano (parmesana de berenjena sobre una base de garbanzos), etc. Y no falta el arroz, pero en este caso lo preparan los viernes y siempre sorprenden con una nueva especialidad.

El local, esquinero y con una pequeña pero concurridísima terraza, además de conservar el espíritu familiar mantiene algunas estanterías del antiguo colmado y parte de su fachada, ya que está considerado establecimiento emblemático de la ciudad. La ilusión de Ferrer era darle continuidad al trabajo de sus tíos y la fiel respuesta de la clientela demuestra que lo ha logrado. Es más, hace algo más de tres meses que ha abierto, en el local de al lado, el restaurante Bicnic, una propuesta gastronómica diferente pero que respira el mismo savoir faire.

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