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Publicado por el 16/05/2013 en Info Tendencias | 3 comentarios

Gastronomía y turismo, ¿un matrimonio que hace aguas?

Somos un país gastronómico, lo dicen en el MIT. Según los de Massachussets, el agroalimentario “es uno de los sectores de la economía española más relevantes por su fortaleza y conocimiento en el extranjero”. Toma ya. Por si les faltara credibilidad (léase en clave de humor), Miguel Arias Cañete, ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, señalaba el pasado mes de noviembre que el sector agroalimentario es clave para la economía española y representa el 10% de los empleos actuales.

Podría rubricar todo lo anterior la última lista de los “50 Best”. Ya sabes que el mejor restaurante del mundo está ahora en Girona y lo regentan tres hermanos, ¿verdad? Bien pues, además, entre los ocho primeros restaurantes hay tres casas españolas y un total de cinco en la lista completa (o medio completa, la “50 Best” incluye en realidad cien restaurantes).

También somos una potencia turística. No creo que necesites datos para creerlo. Estoy seguro de que en alguna ocasión, en los últimos cincuenta años, has pisado la playa en verano.

Turismo y gastronomía, gastronomía y turismo. Parece un matrimonio perfecto y, sin embargo, se llevan a parir en la intimidad.

Estuve en el Salón Internacional del Turismo de Barcelona para recopilar información sobre este asunto: ¿cómo ponderan la gastronomía en su oferta turística global las diferentes zonas representadas?

Pues bien, después de este apasionante trabajo de campo, llegué a una conclusión que me tranquilizó mucho: en España vamos tan sobrados que no vendemos nuestra gastronomía como atractivo turístico. ¡Claro! ¿Para qué? ¡Si, total, las cosas van viento en popa!

En fin, salvo escasas excepciones, nuestras Comunidades Autónomas apenas promocionan su gastronomía como producto turístico o, lo que es peor, la presentan de una forma pobre y descuidada. Seguimos siendo un destino de sol y playa, de turismo caníbal. Así nos va.

Somos un país de cerdo ibérico, de vino, de olivos, de queso, de pescado, de marisco, de chilindrones. De pequeños productores que necesitan mano de obra para sus explotaciones y un marco en el que comercializar su oferta. También somos un país de albañiles, mecánicos, carpinteros, electricistas, fontaneros… en paro.

Productos excelentes. Productores que precisan manos. La cuarta parte de la población activa sin empleo. Una demanda turística cada vez más sofisticada. A ver, 2 + 2 = ?

Gobiernos, por favor, vístanse de Celestina o de consultores matrimoniales. Arreglen ya lo de estos dos, turismo y gastronomía, que están obligados a entenderse por el bien de todos. Créanse de verdad que es algo estratégico. Pónganse a currar y creen las condiciones para que todos curren, no sólo los grandes, no sólo la indústria o los mejores restaurantes de España. Porque, mientras no lo hagan, nuestros restaurantes de alta cocina serán bengalas que atraen visitantes del mundo entero, en efecto. Bengalas en la noche que iluminan la nada.

www.jordiluque.com

3 Comentarios

  1. Creo que la solución al problema que plantea está en el texto. “Albañiles, mecánicos, carpinteros, electricistas, fontaneros… en paro”. No podemos satisfacer una demanda de turismo/gastronomía de calidad con gente que no está correctamente formada.

    Hasta la llegada de la crisis muchos de esos profesionales que menciona también se ganaban la vida como camareros en los destinos turísticos, pero no tenían una formación específica de hostelería.

    Creo que la clave está en mayor formación. Para empezar, el tan ansiado inglés.

  2. Estoy absolutamente seguro de que Boris Jódar ha dado en uno de los clavos: No vale un pimiento generar empleo barato para trabajadores sin formación específica en hostelería, al menos para garantizar un crecimiento estable del turismo gastronómico. Para que este empleo sea estable, hay que hacer una inversión en formación, que en el 99% de los casos, las empresas no asumen porque no pueden o porque no creen que haya retorno.
    Lo cierto es que las autoridades tienen mucho que decir en este aspecto, aunque no solo las autoridades sino las empresas y la sociedad: Si se propicia el entorno adecuado, la mentalidad de la sociedad cambiará, y las empresas (con la zanahoria del retorno por delante), invertirán. En formación, y en lo que resulte adecuado.
    Pero para ello, tendrían que cambiar muchas cosas.
    Felicidades por el post, en mi opinión es muy valiente y acertado. Por supuesto, no es fácil, pero es posible, y hoy en día hacen falta soluciones.

  3. Según las estadísticas el 76% de las visitas que recibimos de turistas aún están motivadas por el concepto sol y playa, así que recorrido queda mucho aún…. y sí, como responsable de una escuela de hotelería y turismo me sumo al comentario de la formación(que no el único, por supuesto) como gran tema a tener en cuenta, no sólo en formación técnica si no de los propios empresarios que requieren de visiones más acertadas a los tiempo que corremos para poder ofrecer un producto de calidad turística y optar así a mejorar el nivel de nuestro visitante. No podemos pensar que la gastronomía por si sola va a ser un reclamo y se va a convertir en un producto sin más, el producto turístico se tiene que trabajar y plantear con coherencia para que sea comprado y valorado con éxito. Trabajo queda mucho…por suerte van saliendo hornadas de gente formada que tienen una visión más actualizada del sector turístico y sobre todo centrado en la gastronomía. Saludos!

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